No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida. Pero si, como jugaremos la mano...

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sábado, 1 de junio de 2013

El Camino del Norte. Día 3. Donosti

Abro los ojos a las 08:30, una hora razonable.  No hay cosa peor en los albergues que los franceses que se levantan a las 5:30 y empiezan con el runrún de prendas de nylon y de las cremalleras para salir a caminar a las seis de la mañana.  A esa hora no han puesto las calles pero, claro, ellos vienen a pisar tierra, piedras y hierba y se la pela bastante el horario tradicional del país.

Hoy he decidido recorrerme Donosti, así que, después de desayunar como un campeón, dejo los trastos en la consigna del albergue. Los he recogido con premeditada parsimonia mientras intento recordar que día de la semana vivimos.  De paseo me llevo sólo la tablet con las muestras y el casco que, no lo sabía, no es obligatorio en ciudad. El sol está saliendo pero aún hay una espesita capa de nubes que no se lo quieren poner fácil.  A esta hora, el mar huele de una forma especial.  "Más fresco" sería la forma sencilla (y obvia) de definirlo.


Como es pronto y lo tengo cerca, decido ir a ver "El peine del viento", la singular escultura de Chillida que está a la entrada de la Bahía.  Como la señora (de espaldas al monumento) me emocionan más otro tipo de estructuras.


A mi, la sensibilidad me la concentraron para la música y las chuletas de ternera, así que las esculturas no es que me digan mucho.  Y las metáforas visuales necesito que sean directas, así que los hierros retorcidos y oxidados no me dicen mucho.  Al muchacho, tampoco. Tenía un chat más emocionante en su móvil...


"Mú descuidá, ¿no?" Esa era la opinión sevillana de la buena señora que, muy probablemente, se ha partido más de una uña frotando cacerolas con estropajos de níquel. Pues no, Paca, el óxido forma parte del, digamos, encanto de la estructura. Resignémonos, hay un tipo de arte que no está hecho para mentes sencillas.


Con esta luz de mierda, es imposible conseguir una foto medio decente...

Como postre, empieza a lloviznar, lo que me arranca un gruñido.  Decido dar por finalizada la visita cultural.

De camino al centro, el bidegorri (bide: camino y gorri: rojo, el euskera no es tan difícil) o carril bici (está pintado de ese color) discurre al lado de la playa de la Concha. Con la de conchitas que llevo en la mochila, no puedo tener un mal día...


Al final de la playa, custodiando la entrada a la zona vieja está el singular edificio de la Udaletxea, el ayuntamiento.

Escojo primero el puerto, antes de adentrarme en el casco histórico.

Cuando sale el sol, todo parece ganar en alegría...

Y, efectivamente, así fue.  Se ve que aún conservo intacto el instinto comercial y consigo dos buenos clientes.  Cuando salgo del segundo, después de entendernos estupendamente, son las cuatro de la tarde.  Como algo rápido y decido peinar todas las calles de la zona vieja, para establecer un orden de preferencias a la hora de ofrecer la mercadería de Lucerito Artesanía.  Normalmente suelen respetar unas áreass de exclusividad y viendo el tamaño de la zona caben, como mucho, cuatro clientes, siempre y cuando estén suficientemente distanciados.


En el proceso de prospectar todas las calles observo que el estilo Crusty de Chillida se ha ido extendiendo.

A las seis ya tengo todo el casco pateado y me empieza a doler bastante la espalda, algo normal.  Van dos tramadoles garganta abajo y en quince minutos el dolor desaparece.  

Las iglesias, como es la tónica natural, todas cerradas.  ¿Cierran porque no va gente? o el caso es que no va gente porque cierran muy a menudo.  El eterno dilema.


A las ocho he cerrado tres tratos más, una tarde redonda.  En Francia están de puente y hay muchos grupitos charlando animadamente en su pretencioso idioma.  Es lo único que le chirría a la espléndida tarde.


Fashion victim, no resisto la tentación de comprar una zamarra.  Después de que me la ofrezcan con un 50% de descuento, no puedo negarme...

Cuando quiero ir a por la bicicleta, soy incapaz de acordarme de donde la tengo aparcada y me lleva un par de vueltas encontrarla.  Las terracitas se llenan para aprovechar los rayos de sol del atardecer.  Mientras haya para tomar unas cañas con los amigos, la crisis no será tan gorda.

Me recomiendan que me acerque a una tienda que está en el Cubo, pero nos dan las nueve de la noche hablando y la dueña tiene compromisos.  Quedamos para el día siguiente a media mañana.  Donosti me ha encantado.  El orden, la limpieza, la gran cantidad de bicicletas y lo agradable que es la gente.  Si tuviera que vivir en una ciudad, probablemente escogería esta.

A las nueve y cuarto vuelvo a cruzar con la bici la ciudad.  Tengo los pies molidos de la pateada.  Igual si hubiese sido interesante llevar un cuentakilómetros para tomar el dato de los metros recorridos, sólo como curiosidad.  Cuando llego a la habitación, ya hay dos tipos durmiendo.  Espero que mañana me respeten cuando se levanten como yo les he respetado su anormal hora de acostarse.

Antes de recogerlo, me quedo contemplando unos instantes el muestrario de viaje que me he montado y pienso que, como salga bien la aventura, lo de salir a hacer una prospección en bicicleta será una anécdota digna de un libro tipo Estrategias comerciales low-cost para tiempos de crisis.


Voy a cenar al mismo garito que el día anterior pero el menú del peregrino se ha convertido en menú especial.  Es viernes, claro.  Son 19 pavos e incluye ensalada tibia de langostinos, entrecot y rioja.  Pienso que un día, es un día y que hoy me lo he ganado y ordeno uno mientras veo como el Madrid le gana al Barça la semi-final de la Final Four de Basket.  Las cinco secciones profesionales del mayor club deportivo del mundo han llegado a las respectivas semi-finales de sus competiciones europeas, pero ya se han perdido las de fútbol-sala, fútbol y baloncesto.  A ver si el hockey sobre patines y el balonmano enmiendan la racha.  Que no es mala, porque cinco semi-finales son muchas y son el resultado de un trabajo bien hecho.

Los vapores del riojita y un entrecôte al punto disipan por completo el amago de disgusto.  Al llegar al albergue, los dos franceses roncan como si se fuera a terminar el oxígeno del universo.  Debería haber habitaciones de roncadores y de gente con dormir silencioso.  Tampoco me preocupa mucho.  Estoy reventado y le coloco al mp3 un sleep de 20 minutos y dos puntos adicionales de volumen, sabiendo que serán más que suficiente.  Ha sido otra jornada completita.

Hoy gasté 38 €, llevo acumulados 135.
Doping: Dos tramadoles, dos diclofenacos y un lexatin

Todas las fotos del día están colgadas en un álbum de feisbuc, como el resto de días, aunque hoy las subí casi todas al blog.

4 comentarios:

Eze dijo...

Es la primera vez en no se k cantidad de relatos k te encuentro u error de ortografía...me siento un agraciado de semejante honor...k un tipo que maneja los relatoas como nadie y es meticuloso en volcarlos tenga un error y yo sea capaz de darme cuenta es la hosssstia¡¡¡ jajajaja un abrazo enorme puto¡¡¡

pd: "Estoy rebentado y le coloco al mp3...."

Bidan dijo...

Sip, corregido, gracias.

Como pienso en catalán y luego traduzco ahi tienes la explicación del lapsus...

Técnicamente es una "catalanada".

la MaLquEridA dijo...

Emmmm a mi es que la estructura de hierro no me dice nada, creo que mis ojos noo comprenden el arte ja.


Gran recorrido que veo en fb

Un abrazo

Bidan dijo...

Tu alma no reconocerá ESE arte. Otro, más entendible, seguro que si.

Un abrazo de vuelta!