No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida. Pero si, como jugaremos la mano...

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domingo, 16 de enero de 2011

San Vicente. Dia 1

 Como ya puede considerarse una saludable tradición, subí con Pacocho unos días a casa de Tizona.  Un cambio de aires compartido con dos buenos amigos.  Sin ningún plan concreto, que es como mejor salen los días de ocio.
El viernes salí tarde de Miño.  No dormí bien y me levanté casi a las 12.  Así que, entre recoger un poco la casa, adecentarme algo y dejar apañados a los gatos, salí que eran cerca de las dos.  En vista de que no había una combinación decente de tren, que el bus tardaba casi 9 horas y de que no daban muy mal tiempo, decidí irme con la Daytona, en el que será el viaje más largo que hemos hecho juntos.  Hasta san Vicente dan 374 kms. por la ruta más corta. 
A las tres paraba en Vegadeo, justo al entrar en Asturias a comer una buena sopita y a estirar las piernas.  Está claro que no es una moto que te permita una posición cómoda para hacer muchos kilómetros.  Pero es una máquina que se porta muy dócil y segura en las curvas y que te pide alegría en las rectas.  Y que te permite hacer adelantamientos con rapidez y seguridad.  Eso hace que el promedio de kms. por hora sea  muy bueno.  Aunque tampoco fuí capaz de estar más de una hora y cuarto sobre ella sin tener que parar a estirar las piernas.  Igual la falta de costumbre, pero me ha descubierto dos músculos en la parte posterior de los muslos que no sabía que tenía y que se podían cargar tanto.
Al poco de entrar en Asturias, el Cantábrico a la izquierda ejerce una magnética atracción.  Decido salir de la autovía y perderme un rato por las carreteras reviradas de la costa.  Fué así como terminé en la Playa del Silencio.  Sólo por el nombre ya merecía la pena acercarse, pero cuando la ves, te das cuenta que el desvío ha sido un tiempo muy bien invertido...




Toda la costa del Norte de España tiene miles de vistas impresionantes.  Rincones donde extasiarse con los acantilados y el océano y recordar lo pequeños que somos.  Y lo insignificante que puede ser un problema de un ser diminuto comparado con la inmensidad del Universo.



Terminé el paseo por la costa cuando Chiqui pidió de beber.  Durante todo el viaje se portó de maravilla, tanto en curvas cerradas como en las rápidas, como en las largas rectas de impecable asfalto de la autovía, como en los cambios de ritmo en los tramos de carretera nacional, en los adelantamientos... vamos, un 10. Cada vez estoy más convencido que ha sido una adquisición acertadísima.


El siguiente tirón fué hasta Llanes, casi al lado de destino...



Y luego, un último esfuerzo hasta San Vicente de la Barquera.  A las siete paraba el motor frente a la casa de Tizona.
Hablamos a menudo, aunque hacía más de un año que no nos veíamos, así que pasamos un par de horas buenas poniéndonos al día con anécdotas e historias miles.  Me recomendó una serie que pinta muy bien, Boardwalk Empire y vimos un par de capítulos mientras esperábamos que llegara el bus de Pacochito.  Steve Buscemi hace de corruptísimo en La Nueva York de la Ley Seca.  Anotada.
Con la llegada de Pacocho, nueva sesión de sofá y anecdotas miles.  Los mamones estuvieron en Las Vegas en las WSOP y no pierden la oportunidad de restregármelo por la jeta.  Increíblemente nos fuimos a dormir sin haber cruzado aún ninguna apuesta.  Bueno, sin haberlas confirmado...