Josep Velasco ha sido despedido. Para el que no conozca la historia, sustituyó a mi antiguo jefe a principios de 2010. Prácticamente desde el primer momento, su incompetencia para gestionar un equipo, su inutilidad para aportar ideas nuevas y su incapacidad para solucionar problemas nos granjeó una rápida enemistad. El que me conoce sabe que al trabajo voy a hacerlo lo mejor posible. Sobre todo por que así terminas antes y puedes irte con tu familia, o al bar, cómo prefieras.
Josep (Pínpín, mequetrefe, marioneta, ninot o Pocoyó son algunos de los múltiples motes que tenía) vino a sustituir a una persona que se peleaba por los suyos, que buscaba soluciones, que trataba de aportar ideas. Eso, al psicópata (el Ex-director general, recientemente despedido, también) le era molesto, por eso le destinó a otro departamento y contrató a Monchito, al que iba a utilizar como mensajero de sus múltiples desvaríos. Josep, siempre obediente y fiel a la mano que le daba de comer, nunca le llevó la contraria, a pesar de las múltiples quejas de la gente que acumulaba muchísima más experiencia en la compañía que ellos dos.
Su forma de huir hacia adelante (la de los dos) fue la de despedir a los disidentes. De ocho Jefes de Ventas, mandó a 6 a la calle y reubicó a uno. ¿Los resultados? Este año, con gente a su imagen y semejanza, el 30% en valores absolutos sobre los resultados de 2009, cuando ya había crisis.
Pronto hará un año que me despidió. Improcedentemente, por supuesto, ahí está el documento escrito. El único motivo fué "es que no haces lo que te digo". Normal, con tus métodos estábamos vendiendo la mitad. Y en 2011 hicisteis menos todavía. Y te lo dice una persona que en 2008 y 2009 cumplió con el Objetivo marcado y estuvo una semana en Dominicana y otra en Méjico, como premio. Algo sabría hacer, digo yo.
Tenía una botella de cava guardada en la nevera para celebrar la ocasión, pero no estoy contento. Pienso en los equipos de trabajo que Pocoyó y el Psicópata se han cargado. A la montaña de gente válida que han mandado al paro (y, de rebote, a la competencia). Recuerdo que me privó de un trabajo que me gustaba y en el que dí sobradas muestras de competencia. Han hecho demasiado daño, esos dos, para que me alegre por su despido.
Me alegro por que ya no perjudicarán a más gente, en esa empresa. Mucho han tardado, los dueños, en reaccionar. Mucho tendrían que cambiar las cosas para que yo volviera a trabajar para una compañía francesa, cada vez les tengo más tirria. Mucho tiempo van a tardar esos dos en encontrar un nuevo patrón al que engañar. Por las referencias no creo que les contraten...
Miro la botella de cava en la nevera y decido que habrá ocasiones que mejor la merezcan. El despido de un cagamandurrias no es suficiente motivo. Una voz me recuerda que se ha hecho justicia. Si, pero muy poca.
Ahi queda el cava...




























