No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida. Pero si, como jugaremos la mano...

No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida.  Pero si, como jugaremos la mano...

miércoles, 17 de abril de 2013

¿Vuelve?


Este fin de semana pasado fue, en cierto modo, extraordinario.  Me refiero a mi vertiente creativa, sobre todo comparada con los últimos seis meses, donde apenas he producido nada (ni bueno, ni malo) desde que en octubre me caí en ese atasco creativo con la novela, en esa incapacidad por juntar de tirón más de dos párrafos consecutivamente. 

domingo, 14 de abril de 2013

Pasó la primavera

Me gusta que llueva. Tampoco estoy en esa época anterior cuando sólo era feliz cuando llovía (I´m only happy whe it rains era la cita forzada), pero ayer fue el primero de 40 días en los que no cayó agua del cielo.  Tanto líquido empapa el alma a la fuerza, incluso a los que nos gusta la lluvia.  A los que no, están psicopáticos perdidos.  Vuelve a llover otra vez, pero esta mañana la primavera se dejó ver un ratito y había que aprovechar para colgar las mallas largas y sacar, aunque fuera por un día, el pantalón corto.
 
Quise repasar si todos esos rinconcitos escondidos siguen estando ahí, ya que en cuatro días tendremos a los veraneantes ocupando la playa grande. En verano se la dejo todita para ellos, mucha gente junta rompe el encanto de la orilla del mar y prefiero ir a buscar la intimidad unos minutos más lejos.

Ya sabéis que no hay que pedalear mucho desde el garaje de casa para estar en pleno monte...


miércoles, 3 de abril de 2013

Sheila

Entender el mundo de Memory Tapes no es fácil porque se salen de los cánones "normales" establecidos para lo que es una canción.  Sheila, por ejemplo, dura más de 8 minutos (En su versión extended, la mejor).  Hace 30 años que pocos grupos se atreven con una canción de más de 240 segundos. Sheila no tiene uno sólo de desperdicio, en sus 511, alternando felicidades musicales en forma de xilófonos, texturas de primavera y voces expresamente afeminadas y lánguidas, con distorsiones muy alejadas de lo esperado en la continuación de la caricia sónica en la que estamos inmersos.

Si con Bicycle entraron en el olimpo de los one hit wonder del pop-dance happy, ese de metilendioximetanfetamina sonora y con Green Knight (i wanna give you my love, i wanna call your name, at the sound of my voice, you turned away...) consiguieron que escuchar una canción 20 veces sin descubrir otra maravillosa textura sónica, una nueva capa, fuera imposible, además de contener uno de los mejores minutos de toda la historia del pop (1'35'' a 2'39''), con Sheila se colocan en el reputo Olimpo de los genios particulares de unos pocos.  Porque, por suerte, las Majors no les han dado importancia.  No hacen canciones comerciales.  Mejor, que sigan así.