No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida. Pero si, como jugaremos la mano...

No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida.  Pero si, como jugaremos la mano...

jueves, 1 de septiembre de 2011

La mirada de la nada

Tercer día de lluvia en pleno agosto. Me gusta ver como llueve fuera.  El agua es vida y trae ese verde que tanto nos gusta contemplar.  Me gusta aún más cuando llueve, también, dentro de mi. Supongo que se debe producir una especie de armonía acuática.

No me molesta en exceso la espalda.  También es cierto que llevo cuatro dias sin hacer nada especial, así que no puede quejarse.  Salí de casa el lunes por la tarde.  Comprar comida para los gatos, farmacia y partido de fútbol en la cervecería.  El resto de días los pasé en La Cueva; entre frases, o entre fotos, o entre canciones.  Me lo paso bien, así.  Pero me cubre una nube gris oscuro y no sé de que es.  Debe ser un bajón, normal en un ciclotímico.  Esperaremos que pase, jugando con frases melancólicas y con canciones tristes.  Es sabido que la felicidad no es creativa.  Es cierto.  No he conseguido avanzar más que tres folios con la novela, pero reescribí dos capítulos que eran mediocres y ahora me parecen algo más que aceptables.  Tengo casi listas dos sesiones en las que me había enganchado y encontré el eslabón perfecto para completarlas.  Cada momento de ánimo tiene su lado aprovechable.

Quizá ha coincidido que he hablado estos días con varias personas acerca de Sesé.  Hoy hace 5 meses que se fué.  Hablé con gente que la quería de verdad, aunque apenas la viera unos días al año por culpa de la distancia. Siguen aturdidos y jodidos.  A alguno le afectó y le sigue afectando más que si hubiese sido una persona más cercana en el trato o en los lazos familiares. Lo entiendo.  He conocido poca gente que transmita más ganas de vivir que ella.

Yo estuve un mes y medio absolutamente groggy, incapaz de saber que hacer, que decir, de llorar, de organizarme.  Un día decidimos los dos (ella y yo) que había que seguir. Le perdoné que no me dejara despedirme de ella (lo que no me hubiese dejado hacer nunca en vida, pues suponía rendirse) y ella me perdonó que hubiese estado tanto tiempo (innecesariamente) desorientado.  Superado el reflejo de esperar que fuera ella cuando sonaba el teléfono, sobre todo a determinadas horas, por lo demás poco cambió.  Seguí viviendo como si no se hubiese ido.  De hecho, vuelve a ratos, como antes.  Y hablo con ella. Sobre todo en los paseos por la playa. Y cuando hago algo que está bien, siento su aprobación, del mismo modo que noto sus reproches cuando me relajo en exceso o me escantillo demasiado.  Como siempre, vamos.  Tuvimos buena comunicación aunque nos separara una distancia física considerable.  Pienso que la seguimos teniendo.

Es cierto que tengo una facilidad para acordarme de ella. En esta casa vivió cuatro años.  Y en cada rincón de la misma y en  cada trocito de pueblo es fácil imaginarla.  De hecho no hay que imaginar.  Sólo recordar.

Me preguntan cómo hago para llevarlo tan bien.  No, no lo llevo bien.  Nada bien. Era el mástil donde colgar mi vela.  Esa vela ahora yace en cubierta. Y a mi siempre me dió pereza remar. Suponía el contrapunto perfecto a mi desorden, a mi caos creativo.  El sentidiño que nunca he tenido. Se que es egoísta, pero me dejó un agujero cósmico para el que no hay ladrillos suficientes.  Es curioso, pero desde que nos separamos mantuvimos una relación casi perfecta.  

Por eso prefiero finjir que sigue aqui, aunque sea a ratos.  No se si es correcto mi mecanismo de defensa y si puede ser síntoma de algún desequilibrio mental incipiente o puede agravar alguno de los que ya tenía... :)  
Cuando vaya al psiquiatra y le cuente que veo muertos y que hablo con ellos, igual deja de sonreírme... :) Bueno, si conservo el sentido del humor es señal que aún me falta un trozo para majareta profundo.

Al menos tuve tiempo para que supiera lo mucho que la quería. Hay gente a la que se les fué sin que se lo pudieran decir, como si fuese necesario.  Ella ya lo sabía.
Aún así estos días me sorprendo a menudo buceando entre melancolías musicales y alguna vez tengo ganas de golpearme el pecho, ante la mirada de la nada.

4 comentarios:

El Conquense dijo...

Bidan,
te sigo hace bastante tiempo el blog. La entrada de hoy, es la que más me ha gustado de ti. Digo de ti , porque realmente hablas de “ti”. Estoy seguro , que de los que nos damos una vuelta por aquí, esta sinceridad, nos ha acercado un poco más al autor de este blog. Ánimos y tira "pa lante".

Saludos

Jesús

Bidan dijo...

Como reza el subtítulo del blog, autopsicoanálisis, hay muchas entradas que las hago sólo para mi, sin ser demasiado consciente de quien pueda leerlas.
Pa-lante tiramos, por supuesto. Sucede que algunos días el humor anda algo gris, lo que es humano en si.
Ves, me acaban de dar un notición que me alegra la tarde. Espero que se confirme y este si va a tener post ladrillo. Pero valdrá la pena!

María Beatriz dijo...

Ten paciencia, ya pasará. Cuando se pierde a alguien que ha sido importante para uno, hay que darse permiso para estar triste.

Un abrazo

Bidan dijo...

Paciencia me sobra. querida mía. Cuando tengo un día triste, lo disfruto, también.
Para Sesé me doy tooooooda la vida para estar triste. Es única.