En los últimos 15 años no he visto por la tele ningún partido del Madrit, que no sea cuando juega con el Barça. Me jode un montón estar viendo uno del Barça contra unos pelagatos y cuando marcan los pelagatos aparezca uno de la nada saltando de alegría. Y, obviameente, no es de Pelagatolandia, no, por supuesto... Por eso, por respeto, no voy a tocarle los cojones a la peña merengue cuando están sufriendo por los suyos. A veces me coincide de rebote, pero nunca es a propósito.
Ayer llegué a Miño sobre las siete y media y paré en la cervecería a leer la prensa (hay múltiples oportunidades de venta en un periódico local) antes de retirarme para el papeleo. No me acordaba que no puedes pagar una ronda y pirarte. En mi país no te dejan, es una ofensa. Pagué simplemente por que tuve un día magnífico en el trabajo y me encontré al grupo de gente que hace que ame este país, a parte de por sus paisajes y sus olores.
Una hora después (aún no había conseguido huir) empezaba el Milan-Madrid. Con el primer gol blanco me maldecí por quedarme. Con el penalty injusto no moví un solo músculo de la cara (el poker ayuda...). Con el gol injustamente anulado al Milan ya me metí en el partido, ayudado por el par de tocapelotas profesionales que hay en cada bar, juegue quien juegue...
Lo peor de todo fué una sensación extraña que me invadió en la segunda parte. Vi sufrir tanto a algunos de mis maravillosos vecinos (con camiseta blanca), que, varias veces, aunque sólo durante unos instantes, deseé que el Madrit ganara el partido...
Eso me deja preocupado. Vale que quiero ser buena persona, pero de ahi a querer que el Madrit gane un partido, hay un mundo. Si mi padre, que sigue en el hospital, se entera, no sale, del disgusto...
Es una mierda, pero hay que saber reconocerlo. Me hago mayor y, a la par, me estoy volviendo blando. Quería ser bueno, si, pero ser blando es casi peor que ser tonto...
Ayer llegué a Miño sobre las siete y media y paré en la cervecería a leer la prensa (hay múltiples oportunidades de venta en un periódico local) antes de retirarme para el papeleo. No me acordaba que no puedes pagar una ronda y pirarte. En mi país no te dejan, es una ofensa. Pagué simplemente por que tuve un día magnífico en el trabajo y me encontré al grupo de gente que hace que ame este país, a parte de por sus paisajes y sus olores.
Una hora después (aún no había conseguido huir) empezaba el Milan-Madrid. Con el primer gol blanco me maldecí por quedarme. Con el penalty injusto no moví un solo músculo de la cara (el poker ayuda...). Con el gol injustamente anulado al Milan ya me metí en el partido, ayudado por el par de tocapelotas profesionales que hay en cada bar, juegue quien juegue...
Lo peor de todo fué una sensación extraña que me invadió en la segunda parte. Vi sufrir tanto a algunos de mis maravillosos vecinos (con camiseta blanca), que, varias veces, aunque sólo durante unos instantes, deseé que el Madrit ganara el partido...
Eso me deja preocupado. Vale que quiero ser buena persona, pero de ahi a querer que el Madrit gane un partido, hay un mundo. Si mi padre, que sigue en el hospital, se entera, no sale, del disgusto...
Es una mierda, pero hay que saber reconocerlo. Me hago mayor y, a la par, me estoy volviendo blando. Quería ser bueno, si, pero ser blando es casi peor que ser tonto...


































