No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida. Pero si, como jugaremos la mano...

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martes, 8 de enero de 2013

Pesan los años

Estoy gastado.  Esa es la resignante conclusión de la neurocirujana sobre el incipiente dolor de espalda que, a buen seguro, amenaza con volverme a fastidiar, de nuevo, la existencia en pocos meses. Me prescribe una rizólisis lumbar que viene a ser como una anestesia prolongada de la zona, una solución para un par de años.  Con suerte, dice, las vértebras se irán soldando mientras tanto y desaparecerá el dolor, aunque perderé movilidad.  Hay recambios de disco, si, pero estamos hablando de alta cirugía.  No por lo complicado, si no por lo costoso.  Mientras pueda andar y sacarme los mocos sin ayuda, la Seguridad Social considerará que puedo vivir sin la operación, así que esa vía no es una opción para ellos.  A poco que ahorren dinero a corto plazo, me irán parcheando, son los protocolos. Puedo acudir a la medicina privada, pero sin excesivas garantías de que me aporten una solución permantente y preparando un buen billetamen, lo que está descartado por el momento.

Vale, toca asimilarlo.  Podemos hacernos chapa y pintura pero el chasis acumula los golpes y el desgaste, indefectiblemente.  Hago una lista rápida de lo que espero hacer aún en esta vida y no me queda nada pendiente para lo que necesite el cuerpo de un chaval de 20 años en plena forma, así que tampoco es para tanto. Si no se puede hacer en cuatro minutos, lo haremos en seis.  Si no se puede en un día, lo haremos en dos. Hay tiempo.

La doctora, cuanta sabiduría elemental, me brindó otra solución a uno de los problemas que empezaba a tener: no poder estar sentado más de tres horas sin recurrir al tramadol, los antiinflamatorios o a tumbarme una hora, suponiéndose que debería estar al teclado 30 horas semanales como poco y que tres o cuatro días ni aparezco por casa.  Además de diseñar una web estoy intentando escribir.  Escribe tumbado en el sofá. Adáptate a tus limitaciones, si puedes, me dijo.  Simple y práctico como una flecha.  Tengo que cambiar el portátil, habrá que ir de rebajas.

Creía haberme convertido en un astigmático existencial.  En los últimos meses tuve tantas veces la solución a un palmo de las narices y no era capaz de verla, que había empezado a preocuparme.  La respuesta a las dudas que nos asaltan siempre está dentro de nosotros.  Mi error consistía en mirar demasiado hondo cuando no era necesarío.  ¡Como nos gusta pensar que lo que nos preocupa tiene difícil solución, sólo para sentirnos más importantes!

Oh, Dios, casi cuatro párrafos... Que desparrame creativo...