No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida. Pero si, como jugaremos la mano...

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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Necesitaba salir

Me ha venido muy bien para el espíritu este fin de semana en Madrid, en el que organizamos el torneo Pokerviú-efortuny por equipos en el casino Gran Madrid de Torrelodones.  

Si, necesitaba salir, me di cuenta al llegar a casa de vuelta.  Llevaba dos meses encerrado.  No físicamente, que salgo todos los días a dar una buena vuelta en bici por el monte y la playa, para oxigenarme, pero si que estaba enclaustrado emocionalmente, sin querer hablar apenas con nadie, excepto con dos amigos del alma, Perico y Jose, que fueron mi hilo de contacto con el mundo durante estas semanas.  Por lo demás, la farmacéutica, la cajera del súper y la gente de la cervecería con la que coincido los días que hay partido del Barça y con los que mantego conversaciones absolutamente triviales.

Es bueno analizar los errores de uno y eso es lo que he estado haciendo durante estos dos últimos meses.  No hay nada que me tiltee más que fallarme a mi mismo en los propósitos serios que me hago y me fallé.  Si a eso le uno que otra cosa que me decepciona profundamente es equivocarme con la gente en la que confío, a la que quiero y eso también sucedió pocos días después (o antes, o al mismo tiempo, no sabría decir).  Pero siempre hay que tener en cuenta que la culpa de lo que nos sucede es sólo nuestra y no buscar excusas en el comportamiento de los demás.  Con la vista en guardia, todo se debería ver venir.  Creo que lo que más me jode es tener una buena intuición y cagarla por no hacerle caso.

Ambas situaciones me llevaron a darle muchas vueltas a muchos planteamientos vitales, a muchos pilares de la existencia, a muchos porqués de las cosas.  Y los seres oligoneuronales no podemos dedicar nuestra actividad cerebral a varias tareas, al menos de forma eficiente.  Si alguien se pregunta (por ejemplo) por qué aún no terminé con la novela, que ya casi estaba acabada a principios de septiembre, la respuesta es que la memoria RAM estaba colapsada y no había forma de cargar ninguna aplicación más.

Pero del mismo modo que son buenos y necesarios la introspección y el análisis de nuestras actuaciones, también es importante buscar opiniones externas objetivas, sobre todo porque, por muy honestos que seamos con la autocrítica, esta siempre estará algo viciada; es muy complicado que no decantemos algo la votación a nuestro favor; al final es humano ser algo indulgente con uno mismo, sobre todo si eres el único juez.

Cuatro días fuera y se desbloqueó el tapón.  En una tarde terminé con el borrador del penúltimo capítulo y le puse el título al que cerrará la novela.  Los últimos siete necesitarán un repaso que me llevará una semana más, si nada cambia a lo largo de los próximos días.  Luego, el repaso definitivo, para añadir las modificaciones que ha ido mandando el equipo de correctores.  Prometo regalar algunos capítulos sueltos en este blog antes de que termine el año.

Si todo sigue como está yendo.  No recuerdo cuando fue la última vez que mantuve dos semanas de plácida y fructífera rutina. Ya debería haberme acostumbrado a que mi vida sea una montaña rusa multidimensional.  Y a posponer permanentemente el final de la novela, que desastre.