No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida. Pero si, como jugaremos la mano...

No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida.  Pero si, como jugaremos la mano...

viernes, 2 de noviembre de 2012

Más teoría conspirativa de la crisis

Llevo un par de meses viviendo bastantes horas al día en un mundo de ficción, en el que tengo que imaginar anécdotas, personajes y situaciones que parezcan creíbles, dentro de una trama que narra la historia de unos traficantes de barrio venidos a más, a menos, otra vez a más y, finalmente, la mayoría de ellos, a nada.

Cuando escribí el último post, aún sin título, a medio camino entre ese mundo de ficción y lo que leía en la prensa, la idea de que la crisis no era una circunstancia, si no un fin en si misma, algo organizado, empezó a dar vueltas en mi cabeza, como si del argumento de una novela de Forsyth se tratara. Por eso le di ese título, más como algo sensacionalista que como algo en lo que creyera.

Los días siguientes pensé que era un argumento muy bueno para una novela que, lamentablemente, estoy muy lejos de poder escribir al desconocer el funcionamiento actual de las grandes finanzas y los nombres necesarios para darle cuerpo a la trama.  La documentación me comería unos recursos y un tiempo que, ahora, no tengo.

A la par, una voz maliciosa sugería, insistentemente, que quizá no era sólo el posible buen argumento de una ficción, si no que podía ir más allá.  Podía ser lo que en realidad ocurrió.  Lo que está ocurriendo, ya que la historia no ha terminado.  Después de lo que la manada voraz hizo con Indonesia, Chile, Argentina, Brasil, las torres gemelas, Irak y otra docena de ejemplos, tampoco es descabellado pensarlo.  Vendría a ser su obra maestra (la penúltima, claro, como las copas), mientras no abran mercado en Marte. 

Mientras tanto, el rodillo de recortes, desregulación y privatizaciones sigue avanzando implacable. Hoy, la noticia de las tres jóvenes (que probablemente sean cuatro) muertas en un concierto multitudinario ocupa, en el momento de escribir estas líneas, la mayoría de titulares de prensa y espacios en radio y televisión.  Casualidad, si, causalidad, a saber, pero a uno las coincidencias le ponen la mosca en la nariz, se colaba en la letra pequeña y en los espacios menores, la noticia de que la Comunidad de Madrid privatizará la gestión de la red de hospitales y varios centros asistenciales.

El shock colectivo que produce en la sociedad la muerte de gente joven viene al pelo para que esa noticia pase desapercibida. El portavoz de la Comunidad de Madrid señaló que esa medida hará que la gestón sea más eficiente. ¿Datos para avalar esa tesis? Ninguno.  Como siempre, vuelve a ser cuestión de fe.

Los modelos en países avanzados que tienen privatizados los servicios sanitarios suelen eficientes, correcto, aunque no accesibles para todo el mundo.  Sin seguro médico, puedes palmarla a la puerta de Urgencias, no sería la primera vez que sucede.  También son los más caros para el Estado.  En Holanda se come el 9% del PIB y en USA, el 12%.  Engorda el bolsillo de los accionistas a costa de todos los contribuyentes.  Cada ciudadano le cuesta al Estado americano el doble que un español a nuestro gobierno. Y allí mueren cada año 80.000 personas, de enfermedades que no cubre su seguro médico.  Todas esas pensiones que ahorran.  Para ver como funcionan los seguros médicos en Estados Unidos es interesante ver el documental de Michael Moore, Sicko.

Se señaló al hacer el anuncio de la privatización de la red hospitalaria, eso si, que la medida no iba a implicar, en ningún caso, el fin de los principios de universalidad y gratuidad de la sanidad.  Me recordó cuando apareció el fútbol de pago y Álvarez-Cascos anunció solemnemente, en otra nueva versión de sólo la puntita, que los Barça-Madrid eran declarados de interés nacional.  Este año ya no hay ninguno en abierto, lo que no me parece ni bien, ni mal; es un entretenimiento y tiene su lógica que haya que pagar por disfrutarlo, aunque sea a costa de consumir unas cañas en un bar con televisión de pago, si no la tienes en casa.  Pero la forma es la misma, poquito a poquito la van colando.

La notificación, sigo pensando que estratégicamente colada en un día especial por el duelo de los madrileños, también coincide con la retirada de Esperanza Aguirre del panorama político, al menos del de primera plana.  Su sombra seguirá siendo muy alargada.  Estaría bien conocer a los beneficiados de la medida, los dueños de las empresas gestoras de los hospitales, sabiendo que Espe es un hacha para que este tipo de decisiones favorezca a algún allegado.  Mítico es, aún, su desvío del trayecto del AVE a Zaragoza a su paso por Guadalajara y la inclusión de una estación que no usa apenas nadie y que está enclavada, ¡oh, sorpresa! en unos terrenos propiedad de su marido, que comprara meses antes de una oportuna recalificación de los mismos.

Los siete hospitales que mandó construir

Ahora son los hospitales.  Dentro de poco vendrá el transporte público (trenes, aviones y autobuses) y la mayoría de empresas estatales, en aras de la eficiencia.  Está bien contar con mejores servicios, siempre que se puedan costear.  Pero con el actual nivel de ingresos del ciudadano medio, eso es ciencia ficción.  Es obvio que al balance económico del país le hace falta la tijera por el lado del gasto, aquí se estaban quemando los billetes con una alegría excepcional, muy probablemente debido a que somos la puerta de entrada a Europa de la mejor droga sudamericana y marroquí.

Pero sigo sin ver una sola medida que ayude al fomento de empleo, a la creación de empresas, al impulso del comercio, al de la exportación, a la mejora de la calidad del turismo que tenemos... Ninguna que ayude a aumentar la renta media de las familias españolas, que meten el dinero en casa proveniente de las rentas del trabajo.  Nada que contribuya a mejorar la situación.  ¿Por qué? A estas alturas ya sólo se me ocurre una respuesta: Porque no les interesa.  La actual coyuntura es ideal para desmantelar pasito a pasito el Estado Social (sobredimensionado, es cierto) que ha costado tanto construir.  Todo ello en beneficio de los de siempre y a costa de barrer la clase media y convertirla en una nueva casta de esclavos modernos.

Lo de Enron, Afinsa o Madoff fueron estafas cojonudas ideadas por un sólo tipo, que supo ver el filón inagotable e ineducable de la avaricia del ser humano.  Pero esta crisis tiene unas connotaciones algo especiales.  Hay un curioso detalle que parece haber pasado inadvertido; la gran cantidad de ejecutivos formados en Lehman Brothers y Goldman Sachs que hoy están dirigiendo los destinos de la economía mundial y que provienen de la nómina de las empresas donde se originó todo el pufo que ha terminado como vemos.  Si uno se pone algo conspiranoico, podría pensar que esas firmas fueron el laboratorio definitivo de los Chicago Boys; dónde urdieron la trama perfecta para generar una situación económica en la que sus duras propuestas pudieran parecer inevitables o, al menos, así pudieran intentar hacernosolo creer.

Ahi queda, pues, la pregunta.

¿Es la crisis una circunstancia que están aprovechando sin piedad los neoliberales o la provocaron ellos para luego poder implementar sus políticas con mayor facilidad?

La correlación de hechos está ahí, lo realmente difícil es demostrar la causalidad.  Haría falta una suma de datos y circunstancias muy grande para poder hacerlo, lo que implicaría un esfuerzo colectivo.  Analizar la trayectoría de los peones que pasaron por Lehman Brothers y ver dónde están ahora.  No es complicado, sólo laborioso.  A ver si alguien se anima.

2 comentarios:

Periquillo dijo...

Puf, divagas un poco, chaval ¿Desregulación? ¿Dónde? Estamos más regulados que nunca, y sobre todo los mercados financieros. Si tienes cojones, te invito a leer (sin intentar comprender) toda la legislación sobre mercados. Te ibas a cagar.
Michael Moore no me parece muy imparcial.
La culpa no es de la Escuela de Chicago, es de los políticos que decidieron dejar que los bancos pudieran "crear dinero". Y lo que es peor, que usaron los bancos centrales para financiar tooooda la mierda que llamamos Estado del Bienestar. Ahora mismo no es del Bienestar, es del Lujoestar.
Vamos a empezar a desmantelar TV públicas y empresas públicas que no sirven para absolutamente nada.

Bidan dijo...

La desregulación es el último paso, después de los recortes y las privatizaciones, aunque en el mercado laboral ya las han hecho.
Los políticos que dejaron crear dinero lo hicieron mediante una desregulación total del mercado financiero, bastante estricto después del crack del 29. Son los mismos que siguen dirigiendo el cotarro. Un documental entretenido para ver al respecto es Inside Job.
Efectivamente, los recortes hay que hacerlos ahí, no en sanidad, educación y pensiones, que bien ganadas están. Y si, una cosa es el Estado del Bienestar y otra la aberración que se ha construido, sobre todo en el tema de empresas públicas y obras nada rentables.
Y bueno, divagar es entretenido y gratis, tu...