No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida. Pero si, como jugaremos la mano...

No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida.  Pero si, como jugaremos la mano...

miércoles, 28 de noviembre de 2012

El Diario de Bidan Jones

78.9, el diagnóstico de la báscula es para sonreír, pero las básculas no sonríen.  Con la vista que tienen... ¿Cómo van a sonreir? Poneos en su perspectiva y decidme si hos haría gracia ver unas gafas de pasta color naranja sobre una nariz que asoma por detrás de unos testículos al final de unas piernas peludas. Yo no... (notita mental: pesarme en calzoncillos para evitarle ese trago a la pobre báscula).  

Tengo el cuerpo libre de nicotina (si, otra vez), para lo que tuve que dejar de beber alcohol.  Me era muy fácil dejar de fumar (habré dejado de fumar -al menos dos semanas- como dos veces por año durane el último lustro) pero volvía a caer una noche cualquiera después de la tercera cerveza.  La secuencia se repitió tantas veces durante los últimos cinco años que me harté.  De todas maneras, hace tiempo que no me gustan las puertas de la percepción que me abre el alcohol, excepto cuando voy a un concierto de música en vivo, así que tampoco me estoy perdiendo nada, al contrario.  Creo que he ganado en forma física y (eso no estoy muy seguro) mental.

Pero a pesar de lo ligero y ágil que tengo el cuerpo, estoy espeso de pensamientos, lento.  Deliberadamente lento. Hace un par de semanas tenía la sensación de ser un 486 tratando de cargar el PS8 pero ahora se que es que mi mente ha interiorizado a la perfección lo de menos es mejor. Dicen que a determinada edad ya no se cambia.  No es verdad. Con el paso de los años, la mente es menos receptiva a los cambios porque ya está llena de prejuicios sociales y morales, cuesta sustituir lo aprendido por algo diferente sobre todo porque supone, en cierta manera, reconocer que estábamos equivocados.

La verdad ni es inmutable ni es algo que se se pueda atribuír a nadie, al menos en valores absolutos.  Cuando se hace es siempre en base a unos factores limitados de una función, los conocidos.  Pero si aceptamos que no son todos, porque siempre desconoceremos algunos y que muchas premisas no tienen por que ser ciertas, nos podríamos pasar la vida cuestionándolo todo. El movilismo filosófico absoluto, donde la vida de las premisas podría ser de días, horas o minutos.  Eso inhabilita las respuestas inmediatas, obligando a pensar todas las respuestas.  Un ejercicio muy interesante, aunque imposible de llevar a cabo por aquellos que están atrapados por el ritmo que marca su reloj de muñeca.  De momento, puedo permitírmelo.

Del mismo modo que he conseguido eliminar dos hábitos que estaban muy enraizados en mis mecanismos cerebrales del subconsciente (o del inconsciente, no lo sabría definir con certeza) estoy aprendiendo a implementar rutinas y mecanismos de pensamiento que me permiten tomar decisiones con mayor simpleza que antes, tratando que sea únicamente la razón la que intervenga en ese proceso.  Como estoy en pleno rodaje, a veces siento como si me hubiese comido un tripi y me haya quedado colgado.  Supongo que con los kilómetros las decisiones fluirán con más rapidez.

Eso tiene un cuiroso punto molesto, en el sentido de lo novedoso, desconocido. El que me haya visto trabajar habrá visto siempre un par de pantallas activas alguna de ella con cinco o seis pestañas abiertas, con diferentes tareas a medio hacer.  El multitasking propio del déficit de atención que siempre he tenido.  Ahora no sucede eso. He conseguido ordenarme y atacarlas de una en una, aunque a veces me quedo bloqueado por completo en alguna de ellas.  Yo diría que con un encefalograma plano completamente, bastante molesto porque me cuesta diez minutos o un cuarto de hora salir de él.

No hay recurso para salir de ese atasco más que aparcar la tarea y dedicarme a otra.  Esto no es parecido a lo que hacía antes, cuando la atención se me iba inconscientemente de una actividad a otra sin control alguno y las iba completando completamente al azar del tiempo.  Ahora, la tarea atascada la cierro y la coloco al final de la lista de "pendientes", independientemente de la prioridad que tenga.

No sé por qué, pero donde más me he atorado es en los dos capítulos finales de la novela.  El encefalograma plano me ataca y ni los diálogos de ficción que mantengo con Clara ayudan a sumergirme en ese mundo imaginario.  Porque en otros si que puedo.  Ya escribí 38 folios de la segunda parte, uno de cuyos capítulos me parece memorable y 19 de la tercera, cuya introducción creo que es bastante buena.  Tiempo inútil, porque si no ve la luz la primera parte, la segunda y, por ende, la tercera, tampoco la verán.

Supongo que cuando asiente la nueva forma de ver las cosas y le tenga el rodaje hecho tendré un mayor control sobre mi atención, espero.  Si no, siempre estoy a tiempo de volver a instalar la versión anterior.  O pedirle anfetas o ritalín a la médica de cabecera.  Ya la tengo tan amaestrada que sólo le falta extenderme el talonario de recetas para que me los rellene yo mismo.

¿El porqué de esos cambios? Muy sencillo.  Echando cuentas, ya entré en el otoño de mi vida y los planteamientos que mantuve para pasar la primavera y el verano estuvieron relativamente bien, no tengo queja, a pesar de las muchas cosas que cambiaría de lo que hice, como todo el mundo supongo.  Pero creo que no me van a valer para tener un plácido invierno, que es el objetivo que tengo.  Asi que, si hay que cambiar, se cambia. Y en eso estoy.  Igual antes aspiraba a ser feliz.  Ahora me conformo con vivir en paz, que significa no necesitar tener la razón.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Bidan, desde el anonimato en el que nos encontramos muchos de tus seguidores, te ordeno acabar ya la novela, está naciendo ya una segunda y tercera parte…bien, pues ya tengo ganas de leerlas tío. Escribes con mucha facilidad y para mi gusto muy bien, me encanta leer y quiero leerte. Jeje..

Bidan dijo...

Sip...
A veces no es cuestión de querer, si no de poder. Y no estoy pudiendo con el final. Pero tranquilidad, que al final caerá. Todo es cuestión de paciencia y de esperar al momento adecuado....

Anónimo dijo...

Te estás convirtiendo en un pozo de sabiduría Albert... de esa a la que también aspiro y no se compra en Mercadona.

Yo también tengo ganas de leer tu libro (y la trilogía entera), seguro que es de lo más entretenida, como todas tus historias... pero soy paciente, lo bueno se hace esperar.

(si quieres saber quien soy.. mírame la IP):P

Bidan dijo...

Rastrear una IP me lleva solo al proveedor, que no me facilitaria tus datos, a no ser que conociera alguien alli que se pasara por el forro alguna ley. Mas trabajo que curiosidad... :)
Ya me lo diràs algun dia.
En mercadona, no sé. En Gadis encuentro, pero no està en venta en los pasillos.
Creo que encontré la motivación para el arreón final. Estos dias lo sabré seguro.