No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida. Pero si, como jugaremos la mano...

No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida.  Pero si, como jugaremos la mano...

jueves, 8 de noviembre de 2012

Con la paciencia adecuada...

... y la actitud correcta, todo llega.  Noviembre siempre se empeña en arreglar los desaguisados que me perpetra octubre, eso ya lo sabía.  Anteayer recibí un mail de Amador, mi distribuidor de Orsai (muchísimas gracias de nuevo, majo, por seguir acercándote hasta Miño a traerlas) avisándome que iba a dejarme, donde siempre, los dos últimos ejemplares del año.

Los grandes placeres muchas veces están en cosas pequeñas y baratas, pero de gran valor para el espíritu.  Cada vez que recibo un ejemplar de Orsai, una brizna de felicidad entra por la puerta de casa.  Es una revista que me encanta hojear, oler y acariciar, pensando en los grandes momentos que me proporcionará mientras me entretengo disfrutando de los detalles de todas sus ilustraciones y leo todas y cada una de sus letras que, juntas, configuran increíbles historias.


Esta vez no ha llegado un ejemplar, han venido dos, lo que hace que la alegría sea doble ya que me permitirá alargar la calidez de los momentos compartidos con ellas para compensar el frío otoño.  Son los dos últimos números de este año, aunque esta vez, los lectores de Orsai, no tenemos la triste sensación de que puedan ser los últimos.  El proyecto continuará, más firme aún, el año que viene, lo que reconforta bastante. He colocado a las recién llegadas, durante un momento, en el que va a ser su destino permanente en casa cuando termine de leerlas y lucen estupendas al lado de sus hermanas.



Por otro lado, en dos días han llegado (tocaba, después de mucho picar piedra) dos buenas ofertas de trabajo.  Una, en una empresa de la que me fuí indignado y humillado por lo que me robaron y por el trato recibido.  Después de quedarse solos, ya no deben tener a quien engañar para hacer el trabajo, atendieron con los brazos abiertos la propuesta que les presentamos con un amigo al que también sablearon con saña en su día.  

Sabíamos de buena tinta que nos necesitan, por eso presentamos un proyecto que le puede salvar el culo al que nos lo pateó en su día y que tardó poco en mandarlo hacia arriba en la cadena de decisiones como algo de cosecha propia, así que cuando vayamos el martes a negociar el trato, nos permitiremos exigir como condición para cerrar el acuerdo que nos paguen lo que nos robaron, cosa que sabemos que no harán porque sería tanto como reconocer que lo hicieron. Con la paciencia adecuada, la vida siempre te brinda la oportunidad de devolver algunas jugarretas que te hacen.  El tiempo pone a todo el mundo en su sitio y, en general, todo el mundo cosecha lo que siembra.

Nos daremos ese gustazo porque tenemos un plan mejor. Un producto excelente, unas condiciones razonables y un jefe claro y honesto, de los que hay pocos.  Así que es muy probable que a finales de mes o primeros de diciembre vuelva a hacer kilómetros con un muestrario y unas tarifas, haciendo lo que mejor se hacer para meter billetes en casa a final de mes, vender.

Eso hará (o no, vete a saber) que me retrase algo más (aún) en acabar la novela, sin título definitivo aún.  Me gustaría poder escribir la segunda parte (y la tercera) porque si algo he aprendido con la redacción de esta es todo lo que NO hay que hacer cuando te enfrentas a un proyecto como este.

Las cosas no suelen salir cuando uno quiere, si no cuando les toca.  Todo tiene un período de maduración que hay que saber entender y aceptar pacientemente.  Lo de lo quiero todo y lo quiero ahora no suele ser una actitud con EV+