No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida. Pero si, como jugaremos la mano...

No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida.  Pero si, como jugaremos la mano...

viernes, 24 de diciembre de 2010

Hay días del revés. Pero terminan.

Me he venido a Reus, a pasar estos entrañables días en familia.  Para estar con ellos, pero sobre todo para salir de mi preocupante procrastinación habitual.  En casa me distraigo fácilmente con cualquier cosa y termino por no hacer nada de lo que quiero realmente hacer.  La frontera entre el relax absoluto y la perrería suma es muy difusa y creo que la he traspasado.  Y para que mi madre no me brasee demasiado voy a tener que parecer ocupado, así que me he traído una libreta (tamaño A4) para trabajar sobre un par de ideas y el portátil y la mesa de mezclas, para avanzar con alguno de los once borradores de sesiones que tengo empantanados.
Hoy no salí a la calle más que para la cena de Nochebuena.  Hace un viento de la hóstia.  Mestral con rachas de hasta 130 kms. por hora que hacen que el Nordés da miña Jalisia querida parezca brisa de verano.  Y tal y como empezaron las vacaciones, tampoco es que fuera demasiado sensato hacerlo.
La cosa empezó a torcerse el martes por la tarde.  Al colocarme la mochila antes de subir a la moto, me agarró una contractura en la espalda de esas gonitas, gonitas.  No podía agacharme ni para sacar medio decentemente, al billar y teníamos partido.  Lamentable espectáculo con nefasto resultado.  Menos mal que tenemos equipo y conseguimos levantar el partido.  Consiguieron, quería decir.  Al dolor de espalda se sumó una congestión brutal en tiempo record.  A las seis de la tarde estaba estupendo y a las ocho, la tocha taponadísima y unos ataques de estornudos espectaculares.  Los del equipo de billar querían encerrarme en el baño para evitar que les contagiara...
Así que, al llegar a casa, me preparé un cóctel refinitivo para estos casos.  Un sobre de frenadol, dos couldinas, un vaso de leche con miel, dos voltarén para la espalda y los ansiolíticos de rigor.  Dormí a tirones, despertándome cada tres o cuatro horas para beber agua, echar una meadita y cambiarme la camiseta empapada de sudor.  A las 9 de la mañana ya había dejado de sudar, pero estaba hecho una braga turca.  Los efectos secundarios del cóctel es que te quedas agotado.  Pero sin ni un mísero síntoma del gripazo que se avecinaba, eso si... Así que justo me levanté para comer y echarme una siesta hasta... las ocho de la tarde...  Algo tarde para la serie de tareas domésticas que tenía programadas para ese día, el anterior a mi partida hacia las Cataluñas:  Hacer la maleta, pasar la aspiradora, dejar la habitación de los gatos limpia, pasar por la farmacia, vaciar los cubos de basura, fregar los cacharros de la pica y recoger el portátil, mesa de mezclas y cables varios.  Sin contar con los regalos ni las felicitaciones.  De los primeros haré dos, estas Navidades y ya habrá tiempo para comprarlos.  De las segundas, nunca he hecho ninguna, así que no va a ser este año la primera vez...
Bajé el papel y el vidrio y me pasé por la farmacia.  No tenían mis pastis... Bueno, tarea para el día siguiente.
Empecé a hacer la maleta y vi que quería llevar alguna de la ropa que tenía colgada y a la que no le venía mal una agüita.  Puse una lavadora y empecé a recoger la parte informática del equipaje.  Cambié el pin del recién estrenado DNIe y vacié la carpeta "por escuchar" en el disco duro de viaje.  A estas, un ruido raro en la cocina.  Fuí a ver que carallo era y la lavadora estaba parada a medio programa.  Ya llevaba días renqueando y decidió romperse el día menos indicado.  Bueno, las cosas siempre se escarallan en el momento menos apropiado.  Saqué la ropa que estaba a medio lavar, medio inundando media cocina y me la llevé a la bañera, para terminarla a mano.  Hay que joderse.  Algunas cosas sólo las valoras cuando se estropean... Así que apenas terminé con la colada al estilo de la abuela y la metí en la secadora, ya era una horita buena para acostarse.  Con todo por hacer...
Al día siguiente tenía una entrevista de trabajo (me llamaron para un curro estando tumbado en el sofá, algo que todas vuestras mamás os habrán dicho que nunca sucede) y quería pasar antes por la piscina.
Recordemos que aún me quedaba la aspiradora, los cacharros de la cocina, apañar los gatos y terminar la maleta con la ropa que daba vueltas en la secadora.
Cuando sonó el despertador decidí que le podían dar mucho por el culo a la piscina y al gimnasio y me concedí una hora más de sueño.  Me levanté con tiempo para desayunar algo, arreglarme y partir hacia Ferrol, a tratar de convencer a un tipo de que soy la persona que busca para ese puesto.  Si finalmente me lo da y me paga lo que dijo, igual lo cojo.  El trabajo está al lado de casa, es fácil, entretenido y no pagan mal.  La idea de un año sabático me sigue seduciendo, pero si, tal y como está el panorama laboral en este país, una oportunidad buena se te presenta mientras echas la siesta, hay que ser ciego y sordo para no entender la señal.
Al asomarme por la ventana pude disfrutar de una estupenda mañana lluviosa gallega.  Recuerdo que no tengo coche, ahora, y que me muevo en moto.  Bajé la basura orgánica y consulté el horario de autobuses.  Cuando estaba viendo que la frecuencia era de cada hora, apareció el bus.  Y yo en pantuflas de ir por casa...  Ok, iremos en taxi.  Llamé a los dos que hay en Miño. Estaban de servicio y no volvían antes de una hora.  Ok, iremos en moto, que remedio.  Así que me puse el traje de agua y salí con margen suficiente para quitármelo al llegar, antes de la entrevista.  Hubiese llegado con tiempo de sobra si no fuera por la granizada que cayó a la altura de Pontedeume.  En moto y con lluvia hay que ser cauto.  Con granizo, un equilibrista.  A pesar del entorno hostil, conseguí llegar a tiempo.  Y creo que hice una buena entrevista.  Estaba programada para treinta minutos y duró una hora y tres cuartos.  Lo sabremos a la vuelta de vacaciones.
Total, que llegué de vuelta a casa, a las doce y media y me venían a recoger en una hora para ir hacia Santiago.  Me quedaba la aspiradora, los gatos, los cacharros del fregadero y rematar las maletas, que agonía...  Normalmente respondo bastante bien en situaciones de presión.  Normalmente.  A veces, pero, mi universo es como el de esos elementos químicos que se desintegran al quitarles un electrón.  Esta estaba siendo una de esas ocasiones.
A la una y media había pasado la aspiradora (sólo para la mierda superficialmente visible), fregado los cacharros, cerrado la maleta del textil y el calzado y estaba terminando de meter cables y gadgets en la de mano cuando llamaron a la puerta y al teléfono, simultáneamente.  Abrí el teléfono y contesté al portero automático mientras trataba de cerrar una cremallera rebelde.  Le estaba contando a un amigo como había ido la entrevista cuando el cierre del compartimento de los cables se rompió.  Por suerte, quien guarda siempre tiene y tenía una maleta para chismes informáticos de repuesto.  Así que pasé el portátil, los auriculares, la mesa de mezclas, el disco duro externo, todos los cables, la libreta, dos carpetas con apuntes y dos libros a la otra y partimos hacia Santiago.
Confieso que me estresé algo.  Creo que he conseguido, en los últimos meses, un equilibrio emocional bastante sano, pero esa mañana estaba algo roto.  Me relajé durante el trayecto conversando sobre trivialidades y riéndonos de lo cabronas que pueden ser las circunstancias, a veces.  Hasta que me dí cuenta que me había olvidado el ZEN.  Puedo viajar sin calzoncillos.  Pero sin ZEN...
- Tienes la Blackberry, me señaló mi amiga.
Bien era cierto.  Y un montón de música de repuesto en los ordenadores.  No tenía auriculares y me jodía comprar algo que en casa hay media docena, pero bueno, podía ser peor.  Y de este modo me aseguraba que no lo iba a perder.  La mitad de las veces que he salido al extranjero con uno, lo he terminado extraviando.  Quien no se conforma es por que no quiere...
La comida fué estupenda (pimientos rellenos de bacalao, gratinados, paletilla de cordero, helado de frutas del bosque, cafés y bebida, 12 €, O Dezaséis es la repolla) y una mejor conversación.  Enrique y Montxo siempre la garantizan.  Uno de los temas fué el baby-boom que estamos teniendo en nuestro entorno más cercano.  Llegamos a la conclusión que, a determinada edad, o te pones a tener niños o ya no los tienes.  Creo que voy a ser del segundo grupo, si me dejo llevar por esa premisa.  Y por mi incapacidad manifiesta en encontrar una pareja estable.  Ninguno de las dos situaciones me incomoda, la verdad.  Y, la verdad, no se si sería muy responsable esparcir mi carga genética en otros seres, de tal manera que sobreviviera a mi muerte biológica..
Fuimos a por una segunda taza de tés a un café recién inagurado y aproveché para pasar por una farmacia a por mis rulas y para capturar algunos rincones de Santiago. ¿Dije alguna vez que Santiago es una ciudad que me encanta?






A una hora prudente (Santiago puede ser una ratonera para un coche, en determinadas franjas horarias), subimos hacia el aeropuerto



Obviamente, la maleta de sustitución no me servía como equipaje de mano.  Demasiado ancha.  No era ni el momento ni la persona con la que discutir, así que saqué el portátil de la maleta y los cascos (no iba a facturar unos auriculares de 200 pavos) y los metí en la del textil, después de pasar el pijama y el chándal a la otra. ¿dije auriculares? ¡coño! ¡y yo pensando en comprar unos!.  Vale que no son lo que se dice discretos.  Pero suenan de muerte.  Así que me los colgué al cuello y le entregué a la señorita los papeles de la facturación.  El siguiente problema vino cuando me pidió el DNI.  Vacié la cartera y el puto carnet no apareció.  Sin DNI no puede viajar, me dijo, cosa que ya sabía.
En ese momento decidí que me volvía a casa y que ya vería a la family en otra ocasión.  Que el entorno se estaba poniendo sospechosamente en contra de que hiciera ese viaje.  Pero pasamos por el mostrador de la compañía a exponer el caso y, milagrosamente, la señorita se apiadó de mi y de mis circunstancias y me chequeó la hoja de facturación con sólo el carnet de conducir, advirtiéndome que sin una denuncia no iba a poder volver.  No se si sería el espíritu navideño, mi cara de angustia o por que intuyó al asesino en serie que podía brotar de aquel ser sudoroso que tenía al otro lado del mostrador. (El DNI se había quedado en el lector, en la entrada usb frontal del PC y ahora viaja por correo certificado cruzando las Españas.  No se puede ir con prisa, está claro.)
Sorprendentemente, pasé el control de seguridad sin ningún percance destacable y me dirigí a la puerta de embarque.  En la pantalla, la palábra mágica: Delayed... Pregunté y me dijeron que ya había salido de Barcelona y que saldríamos una hora más tarde.  Ningún drama, dado lo que sucede últimamente en los aeropuertos.
Me enchufé el Top 30 que llevo en la BB con mis discretitos Sennheiser dorados y me aposenté en un banquito desde donde tenía una buena visión general de la sala.
Me acordé de los gatos.  Pobres.  Tan acostumbrados a tenerme en casa y, de repente, diez días solos.  Confieso que me sentí bastante mala persona.
Hasta que vi una bonita morena de ojos oscuros, con un flequillo perfectamente alineado que se levantaba de vez en cuando empujado por unos bufidos la mar de sexys.  Con los dos asientos a su lado vacíos.  Así que me levanté e inicié una disimulada maniobra de aproximación.  Pero cuando iba a sentarme, una voz interior me avisó: ¿donde vas? Seguro que tiene novio o es lesbiana. Y proseguí el inocente paseo distraído, como el que no tiene prisa ninguna por que avance el tiempo.  Estaba claro; tenía un tilt de cojones, y ya no pensaba con ninguna claridad y a la suma de esas dos opciones le dí un 95% de probabilidades y abandoné.  Sin pensar que, aunque fuera lesbiana o tuviera novio no me iba a disparar, ni a ponerse a gritar como una histérica si trataba de iniciar una conversación trivial.  A pesar de no llevar el ZEN, excelente arma para ligar. Patético, vamos...
Mientras esperábamos en la escalera para cruzar la pista hasta el avión se me ocurrió pensar que, sin nos estrellábamos, nadie iba a saber cuál era la última canción que escuché.  Como si a alguien le fuese a importar ese detalle.  Le vent nous porterá, por si acaso...
En los aviones, creo que ya lo conté, me duermo apenas arrancan los motores.  Esta vez no fué una excepción.  Me despertó la voz del comandante, el avión zarandeándose y un olor a tensión nerviosa flotando en el ambiente.  Diez minutos de turbulencias de las buenas, el avión envuelto en un silencio sepulcral y el olor a tensión que iba siendo sustituido por el de caquita.  La gente es que se caga por nada. ¿que puede pasar? ¿que te mueras? tampoco es para tanto... Aterrizamos dando bastantes bandazos, pero lejos de lo que se podría definir como una maniobra complicado.  Aún así, el comandante se llevó una salva de aplausos como la de Iniesta en Pericolandia.
Al bajar, el hostión del vendaval en la cara me recordó una de las características de Reus que no echo de menos (para nada).  Lo memoricé para valorar mejor la lluvia gallega.
Y no.  No le pasó nada a la maleta.  Salió pronto y bien.  Llegué sin problemas a casa de mis padres, cené estupendamente y me acosté.  Sin más sobresaltos.
Así que mañana, Navidad, probablemente me de un paseo por el Reus modernista, cámara de fotos en mano.  O pasado, dependiendo del viento y de mis ganas.  Y quien sabe si me cruzaré con unos bonitos ojos verdes.  O azules.  O negros...

martes, 21 de diciembre de 2010

The Way

Ahora que aprendí a decir pinícula, va y le llaman flim...  Fuí ayer a verla.  Decepcionante, la verdad.  Por que creo que la idea y el entorno daban para mucho más.  Por que se olvida de retratar aspectos del Camino que le darían más valor a la cinta.  Por que hay aspectos de la misma que no la hacen demasiado creíble para los que hemos hecho algún tramo del Camino.  Y fué decepcionante para otra persona que vino conmigo y que no lo ha hecho.  Nos pareció un documental malo americano o una peli de sobremesa.  El dolor de un padre por la pérdida de un hijo, ambientado en el Camino de Santiago.  Y ya está.  La sensación es que montaron un guión deprisa y corriendo para chupar la subvención.  Y que ni el Director ni el actor principal han hecho (completa) ni una sola etapa.
En primer lugar, no incide en el dolor físico del caminante.  Cuesta de creer que un oftalmólogo que juega al golf en carrito se ponga a patear así como así y vaya cumpliendo etapas sin más.  Por que no retrata el ambientazo de los albergues públicos. Por que podría haber explotado mejor los paisajes, las amistades, las historias de la gente...  Y por que la primera parte de la peli aún se puede ver.  Pero la segunda está hecha contrarreloj y corriendo.  El detalle de que entre el Alto de la Cruz (antes de Ponferrada) y Santiago sólo aparecen unas breves imágenes de O Cebreiro debería hacer que devolvieran la pasta que la Xunta les dió.  Incluír un par de minutos de imágenes de la parte gallega del Camino debía ser obligatorio, pero no tuvieron demasiadas ganas (o tiempo) de grabarlas, está claro.  Sheens´... las cosas, o se hacen bien o se dejan para mañana.  Y lo de continuar hasta Muxía... ¿eeein?  Si se sigue, es hasta Fisterra, meus... en fin...
Si no has hecho el Camino y quieres hacerte una idea, la película no es que te vaya a empujar a hacerlo.  Y si lo has hecho, a no ser por las primeras etapas (de Sant Jean a Pamplona), te va a decepcionar.
Cualquiera que haya hecho el Camino, con una videocámara doméstica puede mejorar el truñete que tratan de vendernos, la verdad...

viernes, 17 de diciembre de 2010

La Toja. El Main

Aunque el gordo fué el de julio, el Main de La Toja es siempre el de diciembre, el que cierra el año.  Para mi, la última oportunidad de hacer algo decente en ese Casino, este año, que no ha sido deslumbrante, ni mucho menos, en el plano pokeril.  Todos los años había ganado un torneo en ese Casino, menos este.  Queda una oportunidad.
Al menos sube Perico, con lo que el viaje ya vale la pena.  No nos vemos desde.. desde.. ni me acuerdo, ya.  Trataré de twittear las manos mas importantes (@TheBidan) y de hacer un copy-paste en el feis.  Pero no lo prometo.
Hay un estupendo (como siempre) seguimiento del torneo a través de Poker10.
Hasta el lunes!

jueves, 16 de diciembre de 2010

El Camino de Santiago. Día veintialgo...




Han llegado a pedirme que resumiera mi experiencia en el Camino en tres palabras. o en una frase.  Puede parecer difícil, pero lo he mejorado.  Lo haré en un  solo término:  Corto.
Hay muchas maneras y diversos motivos para hacer el Camino.  Si vas para menos de un mes, tienes que escoger una.  O no.  Yo fuí con un billete de autobús y una mochila, a ver que pasaba.  Y pasó demasiado.  Demasiado para tan pocos días.

Repasemos motivos diversos por los que uno puede meterse a caminar como un gilipollas durante varias jornadas:
* Por el contacto con la Naturaleza y para hacer algo de ejercicio.
* Para encontrarse a uno mismo o para darle vueltas a algún  problema personal. Para que afloren los demonios de cada uno.
* Para ponerse a prueba en lo físico.  Para descubrir el dolor en partes desconocidas de tu cuerpo. Para descubrir que cuando crees que no puedes más, aún puedes el doble.
* Para conocer gente.  Sus historias y sus ganas de pasarlo bien.
* Para ligar.  No fué mi caso, pero vi formarse dos parejitas la mar de monas, ellas...
* Para conocer Galicia.  Y Asturias, Cantabria, León, Portugal, la meseta Castellana, Navarra, la Rioja..., dependiendo de donde lo inicies.
* Para hacer una ruta gastronómico-enológica.
* (En blanco, rellenar al gusto.)
Todos muy válidos.  Y he obviado los religiosos, que pueden ser tan válidos o mas que cualquiera de los anteriores, pero que no eran los que me interesaban.  Un pretextoes válido si a ti te sirve, independientemente del rating que ese motivo pueda tenr para la mayoría.
El problema con el que te vas a encontrar, es que tienes sobredosis de todos los motivos, todos los días.  Así que, o te concentras en uno o decides disfrutarlos todos a la vez.  No es mala idea llevar en la cabeza uno de ellos, si vas por pocos días y renunciar expresamente a los otros, si quieres concentrarte en él. Yo me submergí plenamente en todos.  Me lo pasé genial, pero me faltaron días para poner en orden un par de ideas.  Por eso no descarto volver en breve, quizá en una ruta poco transitada, para tener más tiempo para mi solo.

Ahora, con el cuerpo recuperad (aún colea un poco la tendinitis en la rodilla izquierda, aunque ya no molesta), me encuentro felizmente inmerso en una ataraxia total.  Ataraxia es la ausencia de preocupaciones.  Y cada día la disfruto más.  También he puesto mi ritmo de vida al ralentí, dejándome llevar por lo que me apetece hacer, no por lo que toca hacer. Y se está de muerte, creédlo.  He ido haciendo cosillas, pero sin ningún orden.  Supongo que pronto tendré que imponerme una disciplina, para no caer en la haraganería total . Pero pronto no quiere decir ahora, ni mucho menos. Y con las Navidades al caer, menos aún.

Una de las decisiones que tomé en El Camino era la de no volver a trabajar.  Al menos en la forma tradicional.  Quedé bastante desengañado de la última experiencia.  Innumerables horas dedicadas, todos los logros conseguibles y en la calle, por un plan estratégico.  No se que mierda de plan será el cargarse a 7 de los 8 Jefes de Ventas, algunos con muy buenos resultados.  Salvar el culo, supongo.  El mindundi que nos pusieron como Jefe no creo que pueda seguir capeando el temporal más allá de mayo, en cuanto siga presentando resultados tan nefastos como lo está haciendo, sin ninguna estrategia más que echarle la culpa de esos resultados a otros.  Ya se le terminan las cabezas de turco.  Pero se habrá dejado una docena o más de personas muy válidas por el camino.  
Pero antes pienso, antes sube el pan.  Tengo una oferta en la frontera de la aceptación.  Ni es mala para rechazarla, ni es taaaaan buena como para tirarse de cabeza.  Está al lado de casa, pagan bien, el trabajo es fácil y entretenido... El problema es que... no me apetece ponerme a currar, tu...  Al menos de momento.  Pero bueno, aún no me han cogido, igual hay suerte y le dan el curro a otro y sigo teniendo el tiempo para poner en marcha un par de proyectos que me rondan por la cabeza y que no he arrancado por que aún me encuentro adaptándome a esto del slow life rythm...

En la libreta se quedaron perdidas tres anécdotas del camino:
Los calzoncillos de pelo...  No diré quien, pero en las duchas de Triacastela, creo que fué, nos contó uno que fué a depilarse las piernas por lo de ir en bici.  Ya puestos con la esteticista, le puso una tira de esas de cera en el pecho.  Ya puestos... se hizo todo el pecho.  Una vez terminado, no pensó, antes de irse, en los calzoncillos, con lo que su aspecto, en pelotas, era bastante divertido, con todo el cuerpo perfectamente depilado, excepto la zona de los slips, que conservaba todo el vello original.  Aún recuerdo el sonido de las carcajadas retumbando en las paredes del albergue.  Yo creo que me pude quitar el jabón con los lagrimones que me caían...
Otra... En la subida a O Cebreiro, en una parada técnica, a uno de los isleños se le ocurrió preguntarle al lugareño que regentaba la tasca de rigor si tenían Marie Brizard.
- Aqui no servimos mariconadas, obtuvo como respuesta.
...
- Ya estamos en Galicia, ¿verdad?, me preguntó... Efectivamente, amigo... 

Y la tercera: En una espera antes de ir a cenar, sentados en los banquitos frente al albergue, mientras esperábamos que saliera el resto, me comenta uno:
- Se me ocurre un negocio para montar en El Camino...
- ¿si?
- Una Disco-movil....
- ¿?
- Yo, es que a la gente del albergue, la veo con ganas de bailar...
Fina ironía isleña...

Una de las ideas que creo que si funcionaría, sería la de montar una especie de autobús de apoyo - guardería, para que las parejas con niños pequeños pudieran hacer el Camino sin tener que preocuparse de sus retoños.  Esa la dejo al aire, para el que la quiera explotar.  A mi, los niños me gustan un ratito y sólo los de los demás...

En fin, suponogo que me irán viniendo más cosas a la cabeza, conforme pasen los días. Ya las postearé, en su caso.

Dejaré, para acabar, ocho de las diez bienaventuranzas del peregrino.  Son las que casan conmigo.  Las otras dos tienen fundamento religioso.
* Bienaventurado eres, peregrino, si descubres que el Camino te abre los ojos a lo que no se ve.
* Bienaventurado eres, peregrino, si lo que más te preocupa no es llegar, si no llegar con los otros.
* Bienaventurado eres, peregrino, cuando contemplas el Camino y lo descubres lleno de nombres y de amaneceres. (Y de atardeceres)
* Bienaventurado eres, peregrino, porque has descubierto que el auténtico Camino comineza cuando se acaba.
* Bienaventurado eres, peregrino, si tu mochila se va vaciando de cosas y tu corazón no sabe dónde colgar tantas emociones.
* Bienaventurado eres, peregrino, si descubres que un paso atrás para ayudar a otro vale más que cien hacia delante sin mirar a tu lado.
* Bienaventurado eres, peregrino, cuando te faltan palabras para agradecer todo lo que te sorprende en cada recodo del Camino.
* Bienaventurado eres, peregrino, si en el camino te encuentras contigo mismo y te regalas un tiempo sin prisas para no descuidar la imagen de tu corazón.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

El Camino de Santiago. Dia 10. Santiago

Como ya conté en el post anterior, el viernes amanecí crucificado..  Por las agujetas y por la postura; los brazos en cruz, en medio de la cama.  Estuve varios días que no podría dormir de otra forma. Tenía los hombros tan cargados que si me colocaba en otra posición, se me dormian los brazos.  Me estuvo bien, por animal.  Las cosas tienen un ritmo y hay que saber leerlo.  Tratar de ir por encima de él, sólo sirve para que termines jodido de alguna manera.  Eso, si no te rompes.  Romperme, no me rompí, pero fué de milagro.
Así que después de una ducha caliente, repasando con el intenso chorro de agua caliente toda la musculatura posible, me unté bien untadito de Radio-salil, acabando el tercer (¿o cuarto?) tubo del Camino.
Desayuné como un marqués.  Despacio, saboreando.  Leí dos periódicos, para  saber como estaba el mundo.  No muy bien, como siempre.  Me tomé dos pastillas de voltaren y dos sobres de Espidifen.  El Espidifen no es útil solamente para las resacas.  También sirve para los dolores musculares.
Tenía la Catedral a cinco minutos, así que tardé poco en llegar.

La verdad es que no sentí ninguna emoción especial, al contrario que la noche anterior.  Ya he estado muchas veces frente a La Catedral (y dentro, detrás, debajo y encima), con lo que no era una estampa novedosa.  Y ese día sabía que iba a llegar (vamos, 500 mts...), al contrario que el anterior.
Técnicamente, ese es el final del Camino.  En la práctica, debería ser el principio.  El verdadero Camino empieza cuando lo terminas.  Creo que es imposible pasar una semana, o más, andando y que no te sirva para nada.  Si no eres perfecto,  y no conozco a nadie que lo sea, te habrás dado cuenta que hay algunos comportamientos y actitudes tuyas que no son todo lo correctos que deberían ser.  Pero bueno, una cosa es que te des cuenta y otra, muy diferente, es que hagas algo para modificar esas conductas.  Siembra un pensamiento y recogerás una acción.  Siembra una acción y recogerás un hábito.  Dicen que las personas no cambian.  No cambian, si no quieren.  Si quieren, si pueden hacerlo.
Esta es una de mis fotos favoritas del Camino.  Por que es una metáfora visual muy buena.


Y bueno, ese era yo...  Lo malo de pedir que te hagan fotos es que no las toman en la perspectiva que tu quisieras.  Anotado para otra vez:  llevar un trípode, aunque sea pequeño.

Entré en la Catedral por que le había prometido al paisano del cuarto o quinto día una plegaria al Apóstol por él y por su señora.  No creo que gane un premio de plegarias, la verdad, pero la hice de corazón.  Se lo prometí y así cumplí.  La palabra dada es sagrada.  
Al salir intenté volver a tomar la fotografía, pero ni la luz, ni el edificio anexo, en obras, me dejaron.  Ya caerá otro día...
Dejé mi mochila en la consigna (2€) y fui a recoger mi Compostelana.  Me acordé de poner "Motivos religiosos y otros" en el impreso.  Si no, no te la dan.  Esta era la primera vez y ésta la guardaré.  Para futuras ocasiones, me vale con conservar la credencial de peregrino con sus sellos.


Tenía una horita larga hasta que me vinieran a recoger (nunca mejor dicho) e intenté pasear algo por el casco antiguo, pero nada de nada, el cuerpo ya no me daba para más, así que me aposenté en la Casa das Crechas, uno de mis loccales favoritos de Santiago y me dispuse a esperar, entre té y té.
Una vez llegó el coche-escoba (debería ser, mejor, el coche-aspiradora), aproveché para tomar un par de fotos más, con el fin de inmortalizar el momento.


Esta toma es mejor que la anterior...


Y por supuesto, ésta foto no podía faltar.  Sin dolor no hay gloria.  Me acordé de Fran y de Josué, antiguos compañeros de trabajo.  Esa camiseta nos la compramos después de sufrir como perras para conseguir un contrato de más de 100 millones de pesetas (630.000 euros) para una banda de desagradecidos.  Ninguno de los tres estamos ya allí, con todo lo que dimos... Bueno, Fran sigue ahí, pero no creo que por mucho tiempo. En fin.  El tiempo pondrá a todo el mundo en su sitio, supongo.

Sigo pensando que es un error llegar a Santiago por la mañana. Es mejor al atardecer.  El sol le da a la fachada de la Catedral de llenoy las fotos de la misma ganan en impacto visual.  Estas dos estan sacadas de  mi archivo personal.  Ya me diréis si no hay diferencia.
Si quieres ir a la misa del peregrino, vas al día siguiente y listos....



Después, nos encaminamos hacia casa, en Miño.  Creo que paramos a comer, pero no me acuerdo demasiado bien.
Hablé con un par de colegas del poker, a ver si alguno iba hacia La Toja en coche, pero no hubo suerte.  Había una super-alerta por temporal y no me apetecía demasiado bajar en moto hasta O Grove.
Bueno, que remedio.  Preparé la bolsa de viaje de la moto y me acosté para una siestecita reparadora de un par de horas.
Al despertar, sobre las siete de la tarde, el cuerpo me temblaba todo.  Tenía menos fuerza que un dibujo animado.  Encima, al abrir la ventana de la cocina, me golpeó la cara el intenso viento y la lluvia que caían.  Joer, una cosa es que te pille la lluvia durante el trayecto y otra, muy diferente, salir con ese temporal, con 180 kiómetros por delante.  Tengo un equipo bueno para ir en moto a pesar de las inclemencias del tiempo, pero ni mi cuerpo ni mi cabeza estaban en las mejores condiciones, así que era una locura salir.  Y esta vez si supe leer la señal y me quedé en casa, renunciando a la entrada del torneo y sonriendo por la lección que me daba la vida.; Mira que te avisé de todas las formas posibles.  Oíste, pero no quisiste escuchar.  Pues hala, a joderse...
Total, que hice un sobreesfuerzo estúpido para nada.  Y para perderme un día y medio o más con toda la gente estupenda con la que habíamos hecho grupo, casi familia.  Bueno, una para ver y aprender, dicen...

Total gasto del día: 26 €, acumulado: 452 €.  Eso da una media de 45 € por día., 47 si incluyo el billete de autobús de ida.  No me negaréis que es barato.  Y se puede hacer por mucho menos.  Creo que, si te lo propones, podrías pasar con 35 € diarios sin pasar penurias ni tener que hacerte la comida.  Se puede hacer con menos, pero ahí ya tiene que entrar la vena rata.

Hay pocas fotos de este día, pero si alguien quiere descargarlas, sólo tiene que usar el siguiente enlace.

martes, 7 de diciembre de 2010

A La Toja iremos

Si no se acaba el mundo o algo parecido, claro.
Ayer se disputó el primer satélite para el Main Event de Diciembre en La Toja, con dos entradas en juego.  Como había premio para dos, gané el HU, no como el mes pasado, donde las cartas se portaron muy miserablemente por tres veces y me quitaron de las manos, por tres veces, un paquete que ya tenía medio metido en el bolsillo.
La verdad es que el torneo fué sobre ruedas.  En la primera hora me dieron dos AA que me sirvieron para quitarles todas las fichas a dos jugadores.  Un AK con board 2KKK3 y full de Golfinho y algunas manos mas para poder terminar cuadruplicado.  En la segunda hora, dos truchas, una de cuatros y otra de dieces, para ponerme chiplider, condición que ya no dejé hasta que quedábamos cinco, aunque por momentos.  En el HU levanté un 1 a 3 en fichas (con un riverazo de 6 outs incluido). Por fin un torneo de cara.  Lástima que Periquillo no me pudiera acompañar y tuviera el dudoso honor de ser el burbuja-man.

Ahora faltaaprovechar esa entrada.  No he hecho buenos torneos, este año, en La Toja.  Queda una oportunidad de enmendar la temporada.
Me gusta la foto que publican en Poker10, donde se hacen eco de la noticia.  No la tenía, así que me tomo la licencia de tomarla prestada.  Me gusta la expresión que tengo.  Probablemente no habían repartido demasiadas manos, aún, en ese torneo... :)



Dejo algunos boards del satélite....



Y el hit en el flop final...

El camino de Santiago. Dia 9. Arzúa - Santiago

El jueves amaneció espeso.  Tanto el cielo como mi cabeza.  Las raciones de octochupis, supongo...  Me unté las piernas de Radio-salil, como cada mañanita, casi terminando el tercer tubo, en una accion medio terapéutica, medio preventiva.
Al salir a la calle, me acordé de la  peculiar Festa dos botes, que hacen allí en verano.  Aparte de traer buenos grupos, proponen el Juego de la Moca, donde el tablero es el pueblo y las diferentes casillas son los bares del mismo. Moca, en Galicia es "ligera intoxicación etílica, tirando a intensa".  Subvencionado por el Concello. La Galicia interior... No es difícil imaginar lo de de moca a moca y bebo por mi moca...  Yo voy a ese evento por los conciertos, que luego tengo 40 kms. de curvas hasta casa, que conste.  Que la edad de hacer el burro no la pierdo, pero la de jugarme la vida por nada ya se me pasó.
Resulta que se me había metido en la cabeza ir a jugar el torneo de La Toja,  para el que tenía la entrada pagada a través de un satlélite, contraviniendo el espíritu con que me tomé el Camino; ir al ritmo que éste impusiera.  Para ello tenía que llegar lo más cerca posible de Santiago ese día, para poder estar en la Catedral el viernes por la mañana y que me diera tiempo de pasar por casa, coger ropita para el finde y llegar a La Toja.  Zumbando, vamos....
Había una voz por dentro que me decía que eso era una locura. La oí, pero no la escuché.  Esa fué LA cagada del Camino.  Pero bueno, los errores no son malos en si, siempre y cuando aprendas de ellos.  Y de éste, aprendí...  Tratar de meterle treinta y pico kms. a las piernas, después de ocho días andando, es de atletas o de gilipollas.  Y yo no soy un atleta.
No encontré el camino enseguida (si, ya, "comprar una buena guía"), pero bueno, si esa era la Carretera de Santiago, mal no iba. 


Paré a desayunar y (si, no me da vergüenza decirlo) preguntar.  No iba mal.  A medio kilómetro tenía un enlace.
Marruecos y Haití en el periódico.  Eso si es sufrimiento de verdad y no la mariconada que llevaba en las piernas, ni la que me esperaba. La mayoría de veces nos quejamos de vicio o de ignorancia.


En el desayuno, no se por qué, anoté: Leer La prisionera, de Malima Oufkir. Habrá que comprarlo, no sea que me pierda algo que vale la pena.  Será por lo que vale un libro.  O por el tiempo para leerlo.  Creo que tengo suficiente de ambos, ahora. A ver lo que me duran...


El primer mojón que veo, al cabo de un rato de andar, indica 36 kms. para Santiago.  Negocio con mi tren inferior: Ya os podéis quejar lo que queráis, que hay que llegar al Monte do Gozo, si o si... No quise escuchar la respuesta...


Dejar objetos en puntos determinados del Camino es una forma metafórica de deshacerse de algún tipo de peso emocional.  El lastre que yo llevaba al Camino no supe como simbolizarlo en ningún chisme de los que carretaba, la verdad.  Si tuviera que valorar el peso de lo que se me quedó en el Camino, hubiera podido hundir en el fango veinte chirimbolos de esos...


Igual había charcos, seguro que si. Pero juro que no esquivé ni uno.  Pim, pam, pim, pam.  Paso firme, que hay que ir a La Toja... Y... ¡que coño! No me gasté una pasta en las botas para andar de tiquismiquis.  ¿No tenías gore nosequé, teflon, membrana, kevlar y fenilhidrato de orujina? (igual me excedí...).  Pues a ponerse a prueba...  
Meterse en todos los charcos del camino... Bonita metáfora sobre mi vida...

Ahí hay un bicho que también tenía la entrada pagada al torneo de La Toja y que estaba tan estresado como yo... Y que anda por la vida sin botas de kevlar o lo que sea, sin ningún tipo de problema. 


Apretar el ritmo cuando estás bajo de gasolina, no es una buena idea (tampoco).  A la hora de caminar estaba vomitando el desayuno.  Perfecto.  60 minutos y estamos pá tirar.  Pues quedaban 7 horas adiante...
Por cierto...le pido perdón al señor pino al que le eché las papas así, de sopetón.  Y él que pensaba que iba a echarle una foto...
Con la boca sabiendo a bilis, beso y ando fatal, así que tenía que pararme a lavarme los dientes. Oh! un chamizo abierto... ¡Call!


Una vez apuradas las baterías del cepillo eléctrico (efectivamente, da para más de 25 usos, la carga completa, enhorabuena, señor OralB), proseguí a ritmo de sinsentido.  Por que soy así...
Suerte que el Camino dispone momentos para que reflexiones, si sabes verlos. Supe pararme ocho o diez minutos para escuchar al agua cantarina de ese canalillo, pero en cuanto se me pasó la enajenación transitoria, volví a arrearle a las piernas... Y es que a veces somo taaaaaaan incapaces de entender las señales que el Universo nos prepara con tanto cariño...


No soy una vaca, no soy una vaca, soy un avestruuuuuuuz.... :) Dejé para otro peregrino el contarle al bicho que no es un avestruz.  Es una vaca.  Si no me equivoco... Igual si es un avestruz...
¿a quien le importa?

Mas señales para bajar marcha que no entendí.  Habíamos hablado de las cosas pequeñas...


Aún no llevaba un tercio de trayecto y ya quería perderme.  Cualquier excusa era buena para rendirme.  Pero esa es la etapa en la que menos guías necesitas...


Si quieres perderte, tienes que sacarte los ojos, o meterlos en un charco de barro.  Estaba agobiado por tanta facilidad.  Probablemente, otra señal que no entendí...


Cuando ya me dolía, más de lo aceptable, cualquier cosa de las rodillas para abajo, incluídas las botas (si, llegas a sentir dolor hasta en los cordones de las putas botas de kevlar o lo que sea de que están hechas, aunque parezca imposible), encontré una amigable puerta abierta.  Probablemente, la mejor que pueda haber en todo el Camino.  El que yo conozco, claro...
A Casa Verde 
Seguro que sólo comen verduras, tarados, pensé, imagina lo chinado que ya iba.  Me meto y le pido un chuletón de ternera lechal, para joder. Ya ves la culpa que puede tener la gente de tus desvaríos...
Pero cuando traspasas el umbral de la puerta, allí, por muy enajenado que estés, te das cuenta que estás entrando en un sitio especial.
A causa de mi educación en un centro conservador (y no fuí un pureta modelo, más bien al contrario) siempre pensé que pintarrajear superficies era una cosa de brutos (por ser cauto con los calificativos).  Ya fuera para poner "Loli te amo", como para escribir "Aqui estuvo Andrés, el que se las folla de tres en tres", como para poner a parir, anónimamente a quien fuera u otras sandeces parecidas.  Coño.... ¡Cómprate una libreta, como hacemos todos, hombre!.  O abre un blog, que es facilito...
Por eso, cuando ves estas paredes....


... te invade la vergüenza de un silencio obligado. Y cuando ves a la lugareña al mando, de esta guisa, más...


No tiene sello.  Si quieres que te tampone la credencial de peregrino, te lo hace a mano..
¿Que? 
Teniendo tiempo, ¿para que mierda quieres un tampón, aunque cueste tres chavos...?
En ese momento cogí a mi voz interior, maloliente y cansina  y la mandé sentar y callarse.  Y me puse a disfrutar de las paredes del... ¿sitio? (no tengo palabra mejor, lo siento).  De las paredes y de todo lo contenían...




Boh! Ahi... HAY que parar...  Pedí algo de comer, tortilla y empanada y me dispuse a proseguir, pero, cuando estaba recogiendo el equipo, llegaron los titos y los isleños.  Le pregunté a Rosa si tenía una guitarra.  Espero que se llame Rosa y no Pilar o Carmen, las otras dos opciones que me bailan en la memoria, no apunté su nombre... 
Juanan, a capella, es bueno.  Pero si le das una gutirarra, la cagaste.  Y la cagamos... Ésta (la guitarra) es la mejor.  Es la única que cuando la toco, nunca me dice que no... Que grande eres, amigo...


Si, encima, tienes unos bongos para que alguien con algo de ritmo los apalee, la cagada es mayúscula.  Digo cagada en el buen sentido de la palabra, por que ya la tienes liada, quieras o no...


El chou era tan bueno que el tito Avi decidió pasar el sombrero.  Con lo recaudado se pagó el convite de todos los que estábamos. Estos muchachos, con un buen mánager, llegarían lejos...


Grabé dos vídeos.  Ya he aprendido a colocar la pestañita de "en vertical", en la cámara.  Pero no se, aún, darle la vuelta en el editor de vídeo, así que están de lado.  Ahora mismo os cuesta menos a vosotros girar la cabeza, o el monitor, que a mi buscar como hacerlo, editarlos y volverlos a subir.  Para los próximos prometo colocarlos en su posición lógica...

Cuando pienso en El Camino, el primer momento que me viene a la cabeza, es éste.  Recuerdo que consiguió llenarme los ojos de lágrimas.  Es una pena que no grabara más intervenciones suyas, que fueron megníficas.  Pero estaba más concentrado disfrutando del momento que pendiente de inmortalizarlo.  Tomo nota para futuras ocasiones.





Con la llegada de Michael y Jesús, ya estábamos casi todos, excepto los de la ruta del vino.  La que os perdisteis, nenos...


Me dejé llevar por la imaginación al volver a submergirme en las sensaciones que transmiten los escritos de las paredes....  Éste, particularmente, lo suscribo completamente...


Pedí que me estamparan la credencial.  Sin duda es el sello más bonito de todos los que tengo...


Si me hubiera fijado bien, hubiera visto km. 25.  Eran demasiados para como tenía las piernas.  Pero no lo vi.  Seguía obcecado en llegar al Monte do Gozo.  Así que pasé el momento más duro del Camino, despedirme de todos.  Fué un hasta ahora, por que nos volveremos a ver, pero lo pasé fatal.  Los momentos que viví con esa gente son tan sencillos y tan enormes a la vez... 
Próxima cita: Carnaval en Isla Cristina, señores.  Ahí me van a tener, si no se acaba el mundo antes.

Así que, con un nudo en la garganta y con otro en el estómago, retomé el camino, tratando de imprimir buen ritmo, pero sin perderme los detalles.  Es contradictorio, lo sé...


Encima no tuve suerte con la música.  Me comí cuatro truños espectaculares (anotado: buscar al crítico/s y ponerle una cruz negra como el sobaco de un grillo).  Empezó a llover y me concentré en las gotas de agua golpeando contra mi sombrero y en el sonido de mis pasos sobre el camino...


Después de andar dos horas más, me paré para cambiarme los calcetines, echarme Eudermin en los pies, comer un pedazo de tortilla espectacularmente en su punto (no anoté el nombre del sitio, pero era cerca de O Pino), dos antiinflamatorios y dos Espidifen, descansar veinte minutos y volver a darle a las piernas.


Al pasar por O Pino, si mi amigo Iván hubiese tenido abierta la cervecería, probablemente hubiese terminado cenando y durmieno allí.  Tenía la rodilla izquierda que apenas podía doblar sin ver lucecitas de colores y la planta de los pies ardiendo.
Pero coincidió con los ocho días de vacaciones que hace todos los años... Así que reposté en la competencia y volví a meterle tralla.


La subida a Lavacolla fué un suplicio.  Traté de pensar en la etapa de O Cebreiro, donde lo pasara fatal y llegué, pero creo que lo estaba pasando peor en ésta.  En la bajada, ya de noche, aprecieron los famosos albergues de neón de San Marcos.  No es que las fotos estén borrosas.  Ya veía así.  Al dolor en los tobillos, la rodilla y en la cabeza se sumó el de los hombros.


Hacer una paradita técnica, para un cambio de aceite, era una tentación apetitosa.  Pero sabía que, en cuanto me pusiera en posición horizontal, ya no iba a poder levantarme.  Así que lo dejé para otro día y continué carretera abajo...


Iba tan concentrado mirándome los pies y tarareando el Disintegration, como método para ignorar el dolor, que cuando levanté la cabeza, estaba en el puente de la autopista.  Me había pasado el desvío al albergue...
No debo ir contra natura.  Siempre lo termino pagando.  Me senté en una piedra y me puse a llorar. Dos minutos.  Como dice el famoso refrán de Arizona, From losts to the river.  Me puse en pie y tomé la (¿?) decisión de seguir hasta la Catedral, que coño.  Estaba ahí mismo y era bajada.  Volver a las espaldas era en subida.  Y no se debe volver atrás en la vida.  Si das un paso atrás tiene que ser para coger impulso.
Santiago, de noche, es una ciudad que me tiene robado el corazón.  Y cuando llueve,  más aún.  El olor de las piedras antiguas mojadas, mezclado con el de la comida de los restaurantes es uno de mis favoritos.  Si tuviera mar, viviría allí, seguro.  Pero Santiago está lonxe do mar, por desgracia.
Caminaba cabizbajo por las calles del casco antiguo, para que nadie pudiera ver cómo las incontenibles lágrimas de felicidad me caían mejillas abajo.
Había cargado en el ZEN está canción para ese momento.  Es una de las más bonitas que he escuchado nunca.  La puse una y otra vez, una y otra vez.  Nunca me canso de escucharla.


Luar na Lubre musica un bello poema de Federico García Lorca.  Rosa Cedrón la canta como los ángeles.  Los ángeles existen.
Nota: El vídeo, curiosamente, está grabado a la orilla del mar...

Me paré en el Orellas, no sé por que.  Me apetecía una buena ración de colesterol.  Al ver estas botellitas, me acordé de alguien, ya sin rencor.  Hay que saber perder, en la vida.  Así disfrutas más de las victorias.  El rencor es un sentimiento negativo que no te deja crecer como persona.


Cuando ya has llegado, el dolor desaparece por arte de magia.  La Magia también existe.  
Los últimos metros los hice deliberadamente despacio, disfrutando del momento y grabándolo cuidadosamente en la memoria...


Por fin... La Catedral...

Intenté tomar esta foto, pero no fuí capaz, así que me permito la licencia de sacarla de mi archivo personal.  Es una de mis favoritas de Santiago.


Para pasar esa noche escogí un hotel como Dios manda.  60 pavos, ok, pero pude dormir como un Cristo, en una cama de tamaño razonable.  En la misma postura en la que me quedé dormido, me desperté al día siguiente.  Crucificado por las agujetas.
Antes de acostarme, pero, fuí a tomar la última del Camino.  Para celebrar la hazaña.  Para grabar en la memoria la subnormalidad que había hecho ese día.  Para recordar, por siempre, que cuando no puedes más, es tu imaginación.  Aún puedes más.  Para pensar en la cuadrilla y en el día y medio que me había perdido de estar con ellos.  En fin... Para felicitarme por lo bueno y para aprender de lo malo de estos días increíbles.
En la pared, la proclama me puso una sonrisa en los labios.  La penúltima del día.  La última fué con la que me dormí...


Total gasto del día: 87 €.  Acumulado: 426 €.

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