No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida. Pero si, como jugaremos la mano...

No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida.  Pero si, como jugaremos la mano...

martes, 7 de diciembre de 2010

El camino de Santiago. Dia 9. Arzúa - Santiago

El jueves amaneció espeso.  Tanto el cielo como mi cabeza.  Las raciones de octochupis, supongo...  Me unté las piernas de Radio-salil, como cada mañanita, casi terminando el tercer tubo, en una accion medio terapéutica, medio preventiva.
Al salir a la calle, me acordé de la  peculiar Festa dos botes, que hacen allí en verano.  Aparte de traer buenos grupos, proponen el Juego de la Moca, donde el tablero es el pueblo y las diferentes casillas son los bares del mismo. Moca, en Galicia es "ligera intoxicación etílica, tirando a intensa".  Subvencionado por el Concello. La Galicia interior... No es difícil imaginar lo de de moca a moca y bebo por mi moca...  Yo voy a ese evento por los conciertos, que luego tengo 40 kms. de curvas hasta casa, que conste.  Que la edad de hacer el burro no la pierdo, pero la de jugarme la vida por nada ya se me pasó.
Resulta que se me había metido en la cabeza ir a jugar el torneo de La Toja,  para el que tenía la entrada pagada a través de un satlélite, contraviniendo el espíritu con que me tomé el Camino; ir al ritmo que éste impusiera.  Para ello tenía que llegar lo más cerca posible de Santiago ese día, para poder estar en la Catedral el viernes por la mañana y que me diera tiempo de pasar por casa, coger ropita para el finde y llegar a La Toja.  Zumbando, vamos....
Había una voz por dentro que me decía que eso era una locura. La oí, pero no la escuché.  Esa fué LA cagada del Camino.  Pero bueno, los errores no son malos en si, siempre y cuando aprendas de ellos.  Y de éste, aprendí...  Tratar de meterle treinta y pico kms. a las piernas, después de ocho días andando, es de atletas o de gilipollas.  Y yo no soy un atleta.
No encontré el camino enseguida (si, ya, "comprar una buena guía"), pero bueno, si esa era la Carretera de Santiago, mal no iba. 


Paré a desayunar y (si, no me da vergüenza decirlo) preguntar.  No iba mal.  A medio kilómetro tenía un enlace.
Marruecos y Haití en el periódico.  Eso si es sufrimiento de verdad y no la mariconada que llevaba en las piernas, ni la que me esperaba. La mayoría de veces nos quejamos de vicio o de ignorancia.


En el desayuno, no se por qué, anoté: Leer La prisionera, de Malima Oufkir. Habrá que comprarlo, no sea que me pierda algo que vale la pena.  Será por lo que vale un libro.  O por el tiempo para leerlo.  Creo que tengo suficiente de ambos, ahora. A ver lo que me duran...


El primer mojón que veo, al cabo de un rato de andar, indica 36 kms. para Santiago.  Negocio con mi tren inferior: Ya os podéis quejar lo que queráis, que hay que llegar al Monte do Gozo, si o si... No quise escuchar la respuesta...


Dejar objetos en puntos determinados del Camino es una forma metafórica de deshacerse de algún tipo de peso emocional.  El lastre que yo llevaba al Camino no supe como simbolizarlo en ningún chisme de los que carretaba, la verdad.  Si tuviera que valorar el peso de lo que se me quedó en el Camino, hubiera podido hundir en el fango veinte chirimbolos de esos...


Igual había charcos, seguro que si. Pero juro que no esquivé ni uno.  Pim, pam, pim, pam.  Paso firme, que hay que ir a La Toja... Y... ¡que coño! No me gasté una pasta en las botas para andar de tiquismiquis.  ¿No tenías gore nosequé, teflon, membrana, kevlar y fenilhidrato de orujina? (igual me excedí...).  Pues a ponerse a prueba...  
Meterse en todos los charcos del camino... Bonita metáfora sobre mi vida...

Ahí hay un bicho que también tenía la entrada pagada al torneo de La Toja y que estaba tan estresado como yo... Y que anda por la vida sin botas de kevlar o lo que sea, sin ningún tipo de problema. 


Apretar el ritmo cuando estás bajo de gasolina, no es una buena idea (tampoco).  A la hora de caminar estaba vomitando el desayuno.  Perfecto.  60 minutos y estamos pá tirar.  Pues quedaban 7 horas adiante...
Por cierto...le pido perdón al señor pino al que le eché las papas así, de sopetón.  Y él que pensaba que iba a echarle una foto...
Con la boca sabiendo a bilis, beso y ando fatal, así que tenía que pararme a lavarme los dientes. Oh! un chamizo abierto... ¡Call!


Una vez apuradas las baterías del cepillo eléctrico (efectivamente, da para más de 25 usos, la carga completa, enhorabuena, señor OralB), proseguí a ritmo de sinsentido.  Por que soy así...
Suerte que el Camino dispone momentos para que reflexiones, si sabes verlos. Supe pararme ocho o diez minutos para escuchar al agua cantarina de ese canalillo, pero en cuanto se me pasó la enajenación transitoria, volví a arrearle a las piernas... Y es que a veces somo taaaaaaan incapaces de entender las señales que el Universo nos prepara con tanto cariño...


No soy una vaca, no soy una vaca, soy un avestruuuuuuuz.... :) Dejé para otro peregrino el contarle al bicho que no es un avestruz.  Es una vaca.  Si no me equivoco... Igual si es un avestruz...
¿a quien le importa?

Mas señales para bajar marcha que no entendí.  Habíamos hablado de las cosas pequeñas...


Aún no llevaba un tercio de trayecto y ya quería perderme.  Cualquier excusa era buena para rendirme.  Pero esa es la etapa en la que menos guías necesitas...


Si quieres perderte, tienes que sacarte los ojos, o meterlos en un charco de barro.  Estaba agobiado por tanta facilidad.  Probablemente, otra señal que no entendí...


Cuando ya me dolía, más de lo aceptable, cualquier cosa de las rodillas para abajo, incluídas las botas (si, llegas a sentir dolor hasta en los cordones de las putas botas de kevlar o lo que sea de que están hechas, aunque parezca imposible), encontré una amigable puerta abierta.  Probablemente, la mejor que pueda haber en todo el Camino.  El que yo conozco, claro...
A Casa Verde 
Seguro que sólo comen verduras, tarados, pensé, imagina lo chinado que ya iba.  Me meto y le pido un chuletón de ternera lechal, para joder. Ya ves la culpa que puede tener la gente de tus desvaríos...
Pero cuando traspasas el umbral de la puerta, allí, por muy enajenado que estés, te das cuenta que estás entrando en un sitio especial.
A causa de mi educación en un centro conservador (y no fuí un pureta modelo, más bien al contrario) siempre pensé que pintarrajear superficies era una cosa de brutos (por ser cauto con los calificativos).  Ya fuera para poner "Loli te amo", como para escribir "Aqui estuvo Andrés, el que se las folla de tres en tres", como para poner a parir, anónimamente a quien fuera u otras sandeces parecidas.  Coño.... ¡Cómprate una libreta, como hacemos todos, hombre!.  O abre un blog, que es facilito...
Por eso, cuando ves estas paredes....


... te invade la vergüenza de un silencio obligado. Y cuando ves a la lugareña al mando, de esta guisa, más...


No tiene sello.  Si quieres que te tampone la credencial de peregrino, te lo hace a mano..
¿Que? 
Teniendo tiempo, ¿para que mierda quieres un tampón, aunque cueste tres chavos...?
En ese momento cogí a mi voz interior, maloliente y cansina  y la mandé sentar y callarse.  Y me puse a disfrutar de las paredes del... ¿sitio? (no tengo palabra mejor, lo siento).  De las paredes y de todo lo contenían...




Boh! Ahi... HAY que parar...  Pedí algo de comer, tortilla y empanada y me dispuse a proseguir, pero, cuando estaba recogiendo el equipo, llegaron los titos y los isleños.  Le pregunté a Rosa si tenía una guitarra.  Espero que se llame Rosa y no Pilar o Carmen, las otras dos opciones que me bailan en la memoria, no apunté su nombre... 
Juanan, a capella, es bueno.  Pero si le das una gutirarra, la cagaste.  Y la cagamos... Ésta (la guitarra) es la mejor.  Es la única que cuando la toco, nunca me dice que no... Que grande eres, amigo...


Si, encima, tienes unos bongos para que alguien con algo de ritmo los apalee, la cagada es mayúscula.  Digo cagada en el buen sentido de la palabra, por que ya la tienes liada, quieras o no...


El chou era tan bueno que el tito Avi decidió pasar el sombrero.  Con lo recaudado se pagó el convite de todos los que estábamos. Estos muchachos, con un buen mánager, llegarían lejos...


Grabé dos vídeos.  Ya he aprendido a colocar la pestañita de "en vertical", en la cámara.  Pero no se, aún, darle la vuelta en el editor de vídeo, así que están de lado.  Ahora mismo os cuesta menos a vosotros girar la cabeza, o el monitor, que a mi buscar como hacerlo, editarlos y volverlos a subir.  Para los próximos prometo colocarlos en su posición lógica...

Cuando pienso en El Camino, el primer momento que me viene a la cabeza, es éste.  Recuerdo que consiguió llenarme los ojos de lágrimas.  Es una pena que no grabara más intervenciones suyas, que fueron megníficas.  Pero estaba más concentrado disfrutando del momento que pendiente de inmortalizarlo.  Tomo nota para futuras ocasiones.





Con la llegada de Michael y Jesús, ya estábamos casi todos, excepto los de la ruta del vino.  La que os perdisteis, nenos...


Me dejé llevar por la imaginación al volver a submergirme en las sensaciones que transmiten los escritos de las paredes....  Éste, particularmente, lo suscribo completamente...


Pedí que me estamparan la credencial.  Sin duda es el sello más bonito de todos los que tengo...


Si me hubiera fijado bien, hubiera visto km. 25.  Eran demasiados para como tenía las piernas.  Pero no lo vi.  Seguía obcecado en llegar al Monte do Gozo.  Así que pasé el momento más duro del Camino, despedirme de todos.  Fué un hasta ahora, por que nos volveremos a ver, pero lo pasé fatal.  Los momentos que viví con esa gente son tan sencillos y tan enormes a la vez... 
Próxima cita: Carnaval en Isla Cristina, señores.  Ahí me van a tener, si no se acaba el mundo antes.

Así que, con un nudo en la garganta y con otro en el estómago, retomé el camino, tratando de imprimir buen ritmo, pero sin perderme los detalles.  Es contradictorio, lo sé...


Encima no tuve suerte con la música.  Me comí cuatro truños espectaculares (anotado: buscar al crítico/s y ponerle una cruz negra como el sobaco de un grillo).  Empezó a llover y me concentré en las gotas de agua golpeando contra mi sombrero y en el sonido de mis pasos sobre el camino...


Después de andar dos horas más, me paré para cambiarme los calcetines, echarme Eudermin en los pies, comer un pedazo de tortilla espectacularmente en su punto (no anoté el nombre del sitio, pero era cerca de O Pino), dos antiinflamatorios y dos Espidifen, descansar veinte minutos y volver a darle a las piernas.


Al pasar por O Pino, si mi amigo Iván hubiese tenido abierta la cervecería, probablemente hubiese terminado cenando y durmieno allí.  Tenía la rodilla izquierda que apenas podía doblar sin ver lucecitas de colores y la planta de los pies ardiendo.
Pero coincidió con los ocho días de vacaciones que hace todos los años... Así que reposté en la competencia y volví a meterle tralla.


La subida a Lavacolla fué un suplicio.  Traté de pensar en la etapa de O Cebreiro, donde lo pasara fatal y llegué, pero creo que lo estaba pasando peor en ésta.  En la bajada, ya de noche, aprecieron los famosos albergues de neón de San Marcos.  No es que las fotos estén borrosas.  Ya veía así.  Al dolor en los tobillos, la rodilla y en la cabeza se sumó el de los hombros.


Hacer una paradita técnica, para un cambio de aceite, era una tentación apetitosa.  Pero sabía que, en cuanto me pusiera en posición horizontal, ya no iba a poder levantarme.  Así que lo dejé para otro día y continué carretera abajo...


Iba tan concentrado mirándome los pies y tarareando el Disintegration, como método para ignorar el dolor, que cuando levanté la cabeza, estaba en el puente de la autopista.  Me había pasado el desvío al albergue...
No debo ir contra natura.  Siempre lo termino pagando.  Me senté en una piedra y me puse a llorar. Dos minutos.  Como dice el famoso refrán de Arizona, From losts to the river.  Me puse en pie y tomé la (¿?) decisión de seguir hasta la Catedral, que coño.  Estaba ahí mismo y era bajada.  Volver a las espaldas era en subida.  Y no se debe volver atrás en la vida.  Si das un paso atrás tiene que ser para coger impulso.
Santiago, de noche, es una ciudad que me tiene robado el corazón.  Y cuando llueve,  más aún.  El olor de las piedras antiguas mojadas, mezclado con el de la comida de los restaurantes es uno de mis favoritos.  Si tuviera mar, viviría allí, seguro.  Pero Santiago está lonxe do mar, por desgracia.
Caminaba cabizbajo por las calles del casco antiguo, para que nadie pudiera ver cómo las incontenibles lágrimas de felicidad me caían mejillas abajo.
Había cargado en el ZEN está canción para ese momento.  Es una de las más bonitas que he escuchado nunca.  La puse una y otra vez, una y otra vez.  Nunca me canso de escucharla.


Luar na Lubre musica un bello poema de Federico García Lorca.  Rosa Cedrón la canta como los ángeles.  Los ángeles existen.
Nota: El vídeo, curiosamente, está grabado a la orilla del mar...

Me paré en el Orellas, no sé por que.  Me apetecía una buena ración de colesterol.  Al ver estas botellitas, me acordé de alguien, ya sin rencor.  Hay que saber perder, en la vida.  Así disfrutas más de las victorias.  El rencor es un sentimiento negativo que no te deja crecer como persona.


Cuando ya has llegado, el dolor desaparece por arte de magia.  La Magia también existe.  
Los últimos metros los hice deliberadamente despacio, disfrutando del momento y grabándolo cuidadosamente en la memoria...


Por fin... La Catedral...

Intenté tomar esta foto, pero no fuí capaz, así que me permito la licencia de sacarla de mi archivo personal.  Es una de mis favoritas de Santiago.


Para pasar esa noche escogí un hotel como Dios manda.  60 pavos, ok, pero pude dormir como un Cristo, en una cama de tamaño razonable.  En la misma postura en la que me quedé dormido, me desperté al día siguiente.  Crucificado por las agujetas.
Antes de acostarme, pero, fuí a tomar la última del Camino.  Para celebrar la hazaña.  Para grabar en la memoria la subnormalidad que había hecho ese día.  Para recordar, por siempre, que cuando no puedes más, es tu imaginación.  Aún puedes más.  Para pensar en la cuadrilla y en el día y medio que me había perdido de estar con ellos.  En fin... Para felicitarme por lo bueno y para aprender de lo malo de estos días increíbles.
En la pared, la proclama me puso una sonrisa en los labios.  La penúltima del día.  La última fué con la que me dormí...


Total gasto del día: 87 €.  Acumulado: 426 €.

Para descargar todas las fotos del día (104, 629 MB), sólo hay que pinchar en el siguiente enlace.

2 comentarios:

Periquillo dijo...

¡Por fin, coño! Me has generado ansiedad y todo.

Bidan dijo...

¿por?