No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida. Pero si, como jugaremos la mano...

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martes, 1 de junio de 2010

De quejarse

Las últimas semanas anduve algo quejoso. Es por que mi alrededor no engrana como yo quisiera. Es cuestión de tiempo y lo sé, pero mi paciencia se limita a saber esperar una, dos o seis horas el momento adecuado para pelucharle el stack a alguien en una mesa de poker. Todo lo que supone aguardar más de una semana algo, me incomoda. Ya no te digo nada esperar tres meses.
Me levanté a las seis y media, una hora antes que mi despertador. Necesito dormir muy poco últimamente. Es buena señal, creo. Así que repasé el cierre de mes y elaboré el dichoso informe mensual. Hasta las doce de la mañana. Ronda de llamadas y a la piscina, a quemar adrenalina. Al salir, decidí comer en Lugo, donde tenía dos visitas.
Al hacer la rotonda de acceso a la A-6, vi, por el otro lado, a un señor mayor apoyado en el guardarraíl. Si hace autostop, lo llevo, pensé. Hubo una época que hice bastante, hace mucho tiempo, cuando aún se podía. Que te paren es una sensación de alivio que hay que vivir, para contarla. Al acercarme, levanta una libreta donde se ven escritas cuatro letras. Lugo. Detengo el Astra para que suba.
Buenos dias, saludo. Bos días, moi obrigado, señor. Agora ninguén para...
Detengo el ZEN. McEnroe esperará hasta la vuelta. ¿Qué? digo. La pregunta total, invento del periodismo gallego. Los cuarenta y cinco minutos hasta Lugo son casi un monólogo del abuelo. Tiene 61 años, aunque aparenta diez más, al menos. Barba de cuatro días, bigote manchado por la nicotina. Lleva ropa humilde, pero limpia. Carga como equipaje una mochila mediana.
Se llama Xosé y es portugués. Ha trabajado en la mar, en la descarga de carbón, en la construcción, cuidando una señora mayor minusválida que ya murió, en Miño, bonito pueblo, cobrando la mayor parte de las veces en B, por supuesto. Pero hace tres años que ya no tiene fuerzas y no le dan trabajo en ninguna parte. Por eso no puede pagar una pensión y vive en la calle. Al no tener domicilio fijo, no le han renovado la tarjeta de residencia. Al no tener permiso de residencia, le van a cortar la pensión de 300 euros que le da la Xunta, lo único con lo que cuenta para vivir, a parte de la caridad de la gente. Ha pedido ayuda a Cáritas y a la Cruz Roja. A los servicios sociales. Sin domicilio no hay nada que hacer. Sin dinero, no puede conseguir un domicilio. Tiene una infección en el hígado que no tiene cura. E iso que non bebo alcohol, matiza.
Ayer no comió. Hoy, una señora le dió una barra de pan. La primera mitad fué su desayuno. Me enseña la otra, que guarda para un momento de apuro.
Al llegar a Lugo, paramos en el Jorge I. Le invito a comer. El primer plato lo hace desaparecer en la mitad de tiempo que yo. Me cuenta como sus hermanas le han quitado la chabola que le dejaron sus padres en herencia. Non teño ningún lugar onde ir a morrer. Que se enteró de la muerte de su madre estando en Lugo y que tardó doce días en llegar a Porto, Agora non para ninguén, repite. Cuando llegó, su madre llevaba una semana enterrada.
Non desexo para ninguén o que me tocou pasar, maldito destino. Me enseña un Seiko que lleva escondido en un bolsillo. E para que no mo rouben pola noite. Hai veces que paso moito medo. Xa non podo defenderme...
Con los cafés le ofrezco un purito. Me lo rechaza con una sonrisa. E moi forte, iso. Y saca un cigarrillo de un bolsillo de la mochila. Como si fuera un tesoro. Lo fuma saboreándolo, mientras apura su café corto.
Pago la comida. Llevo 50 euros encima. Le doy todo el cambio. Al principio lo rechaza. Le digo: A vostede faille mais falta ca min... Se lo guarda en el bolsillo. Esa mirada de agradecimiento arregla cualquier semana de mierda.
Le acompaño hasta el albergue que hay cerca de la estación de autobuses. Por el camino me da las gracias un par de veces. Las gracias se las tendría que dar yo a él.
Nos despedimos, tengo dos citas. A las cinco sabrá si duerme bajo techo o le toca pasar otra noche al raso. Le deseo suerte. Sorte, señor, e grazas, son sus últimas palabras.
Creo que estaré unos días sin quejarme de como me van las cosas...

10 comentarios:

Crónicas Urbanas dijo...

Hola Bidan:

He leído atentamente este post.
Déjame comentarte algunas cosas.
La "queja" es normal, llega un momento que te das cuenta cuán quejoso te vuelves. Lo bueno es darse cuenta, es decir, uno puede controlarlo o "administrar" su humor, limitar su queja.

Ese encuentro es un muy buena crónica, me permito decirte que expresar cierto tono en voces e idiomas, y poder trasmitirlo, es un mérito que has logrado. Interpretar un idioma y trasladarlo, es un desafío que llevas al lector.
Me ha gustado mucho, lo he sentido.

Sin saber mucho de ambos, parece que llemamos casi un mismo ritmo de vida, aclarando que te llevo un par de años, lo cual no nos hace mejores ni peores.
A veces uno debe decirse: "ey, para... detente a mirar, observa alrededor".
A veces las tareas te devoran el día.

Te felicito A. es muy bueno esto que trasmites.

Saludos cordiales, amigo.

winpicks dijo...

Hola Amigo:

Acabo de agregar tu blog al seguimiento del blog en el mio. Podrías hacer lo mismo. Mi blog es: http://wp-pokermundi.blogspot.com/

Gracias. Salu2
matiasdema

Si puedes avisa cuando este agregado.

todavia dijo...

A veces nos quejamos de todo sin darnos cuenta que otros envidiarian lo que tenemos. No es posible arreglar el mundo y menos con 50 euros, pero con suerte la suerte le cambió un poco despues de comer contigo.

francisco dijo...

leyendo las cosas que a ese hombre le deparó la vida, es mas fuerte la sensacion de impotencia por hacia los demas, es por eso que no entiendo que algunos padres por ejemplo, se queden sin comprar algo necesario para la casa por comprar algun capricho a algun hijo, son cosas que nunca entendi no se si es amor, o una gran estupidez; pero encontrarse con novelas vivas hace ver que hay cosas tan simples y a la vez tan grandes que muchas veces nuestros problemas los engrandecemos sin sentido, igual zapatero deberia recoger alguna vez a alguien haciendo autostop, y los cambio en este gran pais se verian rapidamente.
muchas veces las respuestas las tenemos mas cerca de lo que creemos.
Y en estos tiempos, creo que hay que ser igual de valientes para hacer autostop, como para recoger autostopistas; no todo el mundo es, como uno es.

Jorge Santos dijo...

como siempre exxxpectacular relato, aunque tan real que ...
En fin, sigo esperando tu consulta por mail.

Un saludo

Anónimo dijo...

puta vida d mierda ...

Bidan dijo...

Crónicas. Es más fácil relatar lo que te sucede, sobre todo si es reciente, que inventar una situación.
Trato de detenerme a menudo y de disfrutar de mi alrededor. Aunque a veces no es posible, claro.

Agregado, winpick

Ojalá, todavia, ojalá...

Francisco: Pues si, amigo. Las respuestas son muchas veces más sencillas de lo que las hacemos. Y saber apreciar lo que uno tiene y no estar pensando en lo que le falta puede parecer conformista, pero es necesario para vivir en calma.

No tengo tu mail, Jorge...

Jorge Santos dijo...

jsantos@do.cirsa.com
pero te mande un mail a la dirección que me diste en el blog, quizá lo tengas en no deseado o algo así, o quizá por capricho de la informática no llegó.
Un saludo.

José L Ferreiro dijo...

Muy grande Albert. Nunca pierdas la empatía que demuestras continuamente. Una imagen que tengo grabada desde la infancia es ver a una persona pidiendo en la calle, pasar a su lado cogido de la mano de mi madre y no entender por qué no se paraba y le daba unas monedas. Ahora yo paso todos los días delante de muchas personas (no necesariamente pobres)que piden (dinero o ayuda en alguna cosa) y no me paro ni siquiera a mirarles la cara. Supongo que pienso que bastante tengo yo con mis problemas para solucionar los de los demás. Por lo menos a veces me queda una quemazón por dentro que me dice: "hijo de puta, ¿qué, no haces nada?. Es la penitencia que pago, pero es muy triste. Vamos corriendo todo el tiempo para ganar más, gustar más, comprar más... sin pararnos a pensar hacia donde corremos. Es la dirección correcta o nos estamos alejando de la meta. Es más, ¿tenemos una meta clara y es ésta coherente?. El instinto de supervivencia y la cantidad de cabrones con los que te encuentras por la vida te hacen perder la inocencia y ser más resistente, pero a qué precio. Gracias por hacerme recordar que tengo que cultivar la pequeña parte de mi alma de niño que me quede. Probablemente sea la más relevante de mi ser y la que más valga la pena.

miauson dijo...

buen post Albert !!!!