No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida. Pero si, como jugaremos la mano...

No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida.  Pero si, como jugaremos la mano...

viernes, 27 de febrero de 2009

Oportunidades perdidas

Hoy tuve que pasar por el muy mal trago de tener que plantificarle el finiquito a una persona. Alguien que estuvo en mi equipo el último año y medio. Y nada de excusas de que hay crisis y tal y pascual, no lo haré. Fué, no sólo por la falta de resultados, si no por que he sido incapaz de reconducir su actitud equivocada ante el trabajo, ante la situación que nos toca vivir y ante la vida en general. Me comenta un amigo que no se puede hazer zumo de naranja con una piedra, que no es culpa mía. No estoy seguro. Es la persona del equipo a la que mas tiempo dediqué en el plano personal. Por que le hacía falta y por que esperaba que aprovechara la oportunidad que le brindó la empresa para la que trabajo. Nada. Ya me gané una reprimenda de mis superiores cuando rompí su finiquito hace ocho meses, diciéndoles que podría conseguir resultados y actitudes de ella. No fué así. Al final tengo que aguantar su mirada condescendiente y admitir lo que ellos ya auguraron.
Egoístamente me sabe mal por todo el tiempo perdido. Pero me sabe mas mal darme cuenta que hay personas que no quieren luchar por las oportunidades que les da la vida. Es más fácil vivir en un lamento continuado. Con la queja por bandera. Así es imposible atraer nada bueno. Es una pena...

4 comentarios:

Brais dijo...

Los negocios son los negocios...

¡Llevame a mi pal sitio!... q no tengo ni para jugar al poker ;)

Por cierto yo ya siempre fui mas de nestlé q de Kellogs

Panamanian1 dijo...

Buen mensaje.
Con lo de las liquidacciones, ya te acosumbrarás, en mis tiempos saqué a algunos, las primeras veces, medio incómodo, el resto, ya me sabía a chocolate :D. Cuánto han de haberse acordado de mi madrecita...

Panamanian1 dijo...

LOL Brais.

Bidan dijo...

No son negocios, Brais. Es supervivencia. Yo no soy un empresario. Soy un empleado. Algo privilegiado, quizá. Puedo tapar malestares un tiempo. Pero esos malestares, constantes, se vuelven tormentas contra mis objetivos. Salvando las distancias, es como un entrenador de fútbol. Si el portero no te para, hay que cambiarlo. Si el extremo no te centra, hay que cambiarlo. si el delantero no te marca, hay que cambiarlo. Meditándolo y hablándolo, si. Pero cuanto antes. Yo tardé demasiado.
Eso si. A chocolate nunca me sabrá, dejar a alguien sin trabajo. A bilis, alguna me supo, hijaputa. Que la hubiera pateado y le hubiese quemado el coche, con ella dentro, sosteniendo el cheque de la liquidación. Antaño. Ahora no puedo guardar rencor. En todo caso, lástima. Y ni de eso soy digno, creo.
Cada uno tiene lo que merece, a la larga. La varianza de la vida es inexorable...