No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida. Pero si, como jugaremos la mano...

No podemos escoger las cartas que nos reparte la vida.  Pero si, como jugaremos la mano...

lunes, 2 de febrero de 2009

Hai que ir a botar...

Siempre fuí fascista utópico. Llegué a la conclusión de que, para cada caso, existe una mejor manera de hacer esa cosa. Simplificando... Si hubiese alguien capaz (con visión, infusión o paradecisión) de ver cual es (siempre) esa forma de hacer algo, debería decidir por todos. Por decreto y en beneficio de la colectividad. Este posicionamiento choca, evidentemente, con la condición humana, dúctil, comprable, cambiante y dubitatiba. No existe (de momento) nadie que pueda decidir por todos nuestro bien común. Una pena. Sería muy práctico y podríamos mandar a los campos de exterminio a una panda de tertulianos inútiles, muy improductivos y que consumen unos recursos que un día pueden ser necesarios. El resto podríamos seguir dedicándonos a producir algo. Aunque fuera ocio retribuido.
Una vez descartado el fascismo utópico, me cuesta resignarme a la democracia. Tomando unas cañas con mi amigo portugués, definimos el siguiente estadio (utópico, también, pueden ahorrarse el resto del post).
Es la democracia ponderada. No es que tenga en mucha consideración mi opinión, pero me parece una burrada social que mi voto valga lo mismo que un (y voy a pooner dos ejemplos extremos) párroco de parroquia orensana o que un diputado (de cualquier partido) con 10 años de experiencia política. Eso de que somos todos iguales es una estúpida basura brutal que nos concomerá por mucho tiempo. Menos mal que soy de izquierdas. Lo dejo por que si no, la cagaré muy gorda....

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